Hablemos de la depresión

Por Dr Manuel Martín Carrasco - Viernes, 7 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:08h

el próximo día 7 de abril de 2017 la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha dedicado el Día Mundial de la Salud a la Depresión, con el lema “Hablemos de la depresión” y un objetivo: que el año 2030 el porcentaje de personas con depresión no tratadas se reduzca a menos del 10%. Quizás pueda parecer un tema trivial, comparado con los otros grandes problemas de salud que nos afectan, o un objetivo poco ambicioso. Pero la OMS sabe bien lo que hace en este punto y su interés está bien avalado por datos científicos.

La depresión es un trastorno mental muy frecuente, pero que puede tratarse en la mayoría de los casos y en muchos otros prevenirse. En Europa se estima que una de cada 25 personas sufre depresión, lo que arroja una cifra total de varios millones de personas afectadas en un momento determinado. A nivel mundial, la OMS estima que la depresión es la causa más frecuente de discapacidad asociada a enfermedad, de forma que por sí sola es responsable del 7,5% de conjunto de días vividos con discapacidad a consecuencia de una enfermedad, lo que supone costes astronómicos en términos de horas de trabajo perdidas, por citar solo uno de los elementos del coste global de la enfermedad, que se estima en 750.000 millones de euros anuales.

Pero las cifras y las estadísticas solo tienen sentido cuando consideramos a las personas que padecen depresión, una a una. La enfermedad ocasiona un sufrimiento que solo pueden describir con propiedad los que la han padecido. De forma relativamente brusca, la vida y todo lo que la constituye pierde su sentido. No podemos experimentar placer ni satisfacción, no podemos dormir, concentrarnos o simplemente estar tranquilos. Todo cuesta “toneladas de trabajo” y estamos siempre fatigados. Los intentos de los demás para animarnos son especialmente lacerantes, especialmente si se acompañan de la frase fatídica: “Tienes que poner de tu parte”. La OMS estima que la depresión está implicada en alrededor de 800.000 muertes por suicidio al año en todo el mundo y todo el que ha padecido una depresión entiende perfectamente por qué hay personas que piensan en quitarse la vida.

La prevalencia de depresión parece estar aumentando, al menos en los países desarrollados. No sabemos a qué se debe, porque tampoco se conocen con precisión los mecanismos que conducen a la depresión. Pero es posible que el tipo de sociedad en el que vivimos tenga algo que ver. Desde luego, sabemos que factores como la pobreza, la desigualdad social, la presencia de traumas en la infancia y en la juventud, el consumo de alcohol, el desempleo, el distanciamiento de lo trascendental, la ruptura de la pareja, la soledad y la falta de una red social de apoyo predisponen a la depresión. También es un factor importante la presencia de enfermedad somática, como el cáncer o enfermedades cardiacas o neurológicas, de manera que la depresión ensombrece el pronóstico de las mismas.

Quizás lo más penoso de todo lo que rodea a la depresión es que gran parte del sufrimiento y del coste asociado podría evitarse. Existe un buen número de terapias que han demostrado ser eficaces en la depresión, que van desde las psicoterapias en distintas modalidades, hasta técnicas de estimulación cerebral para algunos casos, pasando por una serie de medicamentos antidepresivos. En conjunto, un 70% de los casos de depresión pueden alcanzar la remisión aplicando las mejores opciones terapéuticas disponibles y prácticamente la totalidad de los casos podrían experimentar alguna mejoría, al menos en algunos de los síntomas. Sin embargo, la OMS estima que a nivel mundial solo el 10% de los afectados recibe un tratamiento óptimo según los mejores estándares de tratamiento disponibles en la actualidad, y el 50% no recibe ninguna forma de tratamiento. Estas cifras justifican holgadamente los retos establecidos para el próximo Día Mundial.

Por otra parte, también se conoce la existencia de grupos específicos de población sobre los que podrían aplicarse con éxito programas específicos de prevención, cumpliendo la vieja máxima de que es mejor prevenir que curar. Por citar algunos ejemplos, este sería el caso de las mujeres tras el parto, el duelo, la comorbilidad con ciertas enfermedades somáticas, o los cuidadores de personas afectadas por ciertas enfermedades incapacitantes, como la enfermedad de Alzheimer y otras. También obtienen beneficios inmediatos los programas de prevención en los colegios y en el entorno laboral, y de manera especial, la formación en el diagnóstico y manejo de la depresión en la Atención Primaria. Por todo ello, y ante el próximo Día Mundial que nos lo recuerda, hablemos de la depresión y de cómo hacerle frente.

El autor es médico psiquiatra en la Clínica Psiquiátrica Padre Menni y director del Instituto de Investigaciones Psiquiátricas de la Fundación Mª Josefa Recio / Hermanas Hospitalarias