Ariadne, niña con ángel

El Domingo de Resurrección, la pequeña de 8 años vestirá las alas en la Bajada del Ángel de Tudela

El último ensayo sirve para fijar y asegurar los pasos que deberá dar Ariadne Asín Jacue

Fermín Pérez-Nievas - Viernes, 7 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:08h

Ariadne Asín Jacue, ataviada con las alas del Ángel grita “¡Alégrate María, que tu hijo ha resucitado!” durante el ensayo ante Pilar Arregui, que sujeta la corona con el paño negro.

Ariadne Asín Jacue, ataviada con las alas del Ángel grita “¡Alégrate María, que tu hijo ha resucitado!” durante el ensayo ante Pilar Arregui, que sujeta la corona con el paño negro. (FERMÍN PÉREZ-NIEVAS)

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Ariadne Asín Jacue, ataviada con las alas del Ángel grita “¡Alégrate María, que tu hijo ha resucitado!” durante el ensayo ante Pilar Arregui, que sujeta la corona con el paño negro.

“¡Eso no lo puedes hacer cuando estés colgada!, ¿eh?”, advierte Miguel Ángel Vallejo a la pequeña de 8 años Ariadne Asín Jacue

tudela- Como en la trastienda de un viejo alquimista, el garaje de la familia Cambra Arregui acoge cada año las pruebas, ensayos y preparación para uno de los atractivos de Tudela que más visitantes acoge durante todo el año: la Bajada del Ángel que se celebra el Domingo de Resurrección. Este año, la pequeña Ariadne Asín Jacue será la protagonista de una ceremonia con más de 400 años de historia, en el formato actual. Tras unas primeras pruebas en casa de Miguel Ángel Vallejo y Ana María Arregui (que se encargan de seleccionar a los niños y niñas y formarles para que ese día no tengan pánico escénico), la mesa de ensayos se traslada el último mes a un garaje donde el Ángel cuelga del techo con arneses de montañero y realiza un simulacro de ceremonia. En esta recreación suena la Marcha Real, una figurante hace de Virgen María y los familiares pueden disfrutar del momento a escasos metros y palpar, sentir en parte, el cosquilleo que les recorrerá el cuerpo cuando a casi 20 metros de altura su hija y sobrina cruce la plaza de Los Fueros para gritar el tradicional “¡Alégrate María..., porque tu hijo... ha resucitado!”, con los silencios, las esperas y los alientos necesarios.

los preparativos“¡Eso no lo puedes hacer cuando estés colgada en medio de la plaza!, ¿eh?”, le indica Miguel Ángel Vallejo con una frase entre cómplice y aleccionadora cuando ve cómo se rasca el pie en mitad del supuesto vuelo sobre la plaza de Los Fueros. A la vez que le explica cómo debe hacerlo, intenta quitar hierro a la responsabilidad que llevará sobre sus alas y que cientos de tudelanos han asumido antes que ella (es la cuarta niña desde 2008). Una responsabilidad tremenda para sus 8 años de edad. Sus padres, Elía Jacue y Jaime Asín, observan la preparación nerviosos y orgullosos de que su hija pase a engrosar la familia de tudelanos que han portado las alas de Ángel.

Las manos de Goyo Terrén y Rodolfo Milagro, junto al asesoramiento de Pachi Cambra y Miguel Ángel Vallejo, rodean a la pequeña que, vestida con mallas y una camiseta con un corazón de lentejuelas, se dispone a mutar en el Ángel que anuncia la resurrección.

“Aprieta más”, “¿te molesta?”, “mueve los brazos”, “piensa que luego tienes que ir colgada”, “¿vas bien así?”, “¿hacia qué lado te colgarás el velo?” son expresiones que se repiten de forma invariable en cada ensayo. El diminuto cuerpo de Ariadne se ciñe al corsé que colgará de la nube el 16 de abril y con la que recorrerá los 50 metros que tiene la plaza de Los Fueros desde el templete (que representa el cielo) hasta la imagen enlutada de la Virgen María.

Una vez vestida y colocadas las alas, otro elemento fundamental es la corona, que ha de encajar bien en la cabeza. Ana María Arregui se ocupa de esos aspectos y cada año peina con dulzura al Ángel, dándole en susurros los últimos consejos. Con la ayuda de Elía, que conoce como nadie la cabeza de su hija, colocan las horquillas de forma que el pelo (que se ha de dejar crecer para la ceremonia) no le moleste en la cara. Terminados los preparativos y con un banderín, similar al que portará el domingo de la semana que viene, llega el momento de echarse a volar por el garaje pero soñando que lo hace sobre la plaza.

el ensayo“¡Venga, empezamos!”, ordena Vallejo mientras de fondo la Marcha Real sale de un aparato de música y, como un resorte, Ariadne se santigua tres veces. “Sales del templete y sueltas aleluyas... así, así... mueve los brazos vas a llegar al kiosco... sueltas más aleluyas... noooo, no mires para atrás, has de mirar siempre hacia delante”, Vallejo remarca unos pasos que desde hace tres meses no ha cesado de repetir más de una decena de tardes en las que incluso meriendan con la niña para establecer lazos que nunca desaparecerán. Observando la escena, el pequeño David, de apenas año y medio, hijo de Goyo, baila la música que oye de fondo y no para de aplaudir mientras observa el vuelo de la niña.

“Llegas a la Virgen”, momento en que Pilar Arregui se arrodilla bajo Ariadne y alzando los brazos levanta la corona enlutada de la Virgen interpretando el papel de la figura que se colocará en mitad de la plaza de Los Fueros. “¡Alégrate María... porque tu hijo... ha resucitado!”, chilla a voz en grito la niña Ángel como si le fuera la vida en ello, para después empezar a retirar las horquillas que sujetan el velo a la corona. “¡Pide que te la levanten si no llegas bien!”, le asesora Vallejo, a lo que responde la niña con un gesto con la mano destinado a Pilar Arregui y que repetirá a los portadores de la imagen.

Una vez agarrada con la boca la cuerda que sale del centro del paño negro, con un impulso del brazo derecho se coloca el luto sobre las alas. “¡Muy bien... a la primera...!” gritan sus padres y tíos que ven la escena. Ahora solo queda volver, marcha atrás hacia el templete que estará situado en la Casa del Reloj. “Suelta aleluyas y tranquila”, apunta mientras el suelo de la plaza-garaje se llena de papeles. Tras este último ensayo sólo queda la representación final el Domingo de Resurrección.