Soñar Volver a

El regreso de Alpine se ha fraguado de la mejor forma posible, aprovechando toda la moderna tecnología de hoy en día para revivir el diseño y las emociones de un deportivo de antaño en estado puro. Nada como volver a soñar.

Un reportaje de Tomás Pastor - Sábado, 8 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:11h

La nostalgia por los deportivos puros de antaño toma forma de nuevo gracias a Alpine y Renault. Fotos: Alpine

La nostalgia por los deportivos puros de antaño toma forma de nuevo gracias a Alpine y Renault. Fotos: Alpine

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La nostalgia por los deportivos puros de antaño toma forma de nuevo gracias a Alpine y Renault. Fotos: Alpine

El poder de los sueños y el magnetismo irresistible de la nostalgia son capaces de ilusionarnos como pocas cosas en la vida. Alpine lo hizo hace un año con la presentación del Alpine Vision y lo ha vuelto a hacer en el Salón de Ginebra dando a conocer su modelo de serie, el A110. La propia marca lo presenta como “un cupé biplaza con motor central que combina los principios atemporales de peso ligero, agilidad y rendimiento, manteniéndose fiel al espíritu de sus predecesores y en particular al del A110 Berlinette”.

Este modelo, que se producirá en la planta Alpine de Dieppe (Francia) y se empezará a entregar en los concesionarios a finales de 2017 en Europa y a principios de 2018 en el Reino Unido y Japón, vuelve para reclamar su lugar en el segmento de los deportivos puros con la promesa irrenunciable de aportar por encima de todo placer de conducción.

La base, como no podía ser de otra forma, es una plataforma de aluminio y una carrocería ensambladas, remachadas y soldadas para proporcionar una estructura rígida y ligera al mismo tiempo, como lo demuestra su peso de solo 1.080 kilogramos (sin opciones), realmente bajo para unas dimensiones de 4,178 metros de largura, 1,798 de anchura, sólo 1,252 de altura y 2,419 de distancia entre ejes. El bajo centro de gravedad, situado lo más próximo posible al centro del bastidor, con el depósito de combustible tras el eje anterior y el motor antes del tren posterior, y un óptimo reparto de pesos, con el 44% sobre el eje delantero y el 56% restante sobre el trasero, hacen que la agilidad y la respuesta deportiva, sobre todo en carreteras sinuosas, recuerden la fama de su predecesor allá por los años sesenta y setenta del pasado siglo.

El motor empleado es un gasolina de inyección directa con cuatro cilindros, 1,8 litros de capacidad y turbocompresor que desarrolla 252 CV a 6.000 revoluciones por minuto (rpm) y un par máximo de 320 Nm, lo que a la postre reporta una relación peso/potencia de 4,3 kilogramos por CV. Así es fácil entender sus prestaciones, con 250 km/h de velocidad máxima, limitada electrónicamente, o su paso de 0 a 100 km/h en tan sólo 4,5 segundos. Está dotado de propulsión trasera y de una caja de cambios automática secuencial Getrag DCT de siete marchas con una desmultiplicación que garantiza un rendimiento deportivo de primera línea, como no podía ser de otro modo. Los afortunados poseedores del Alpine A110 disfrutarán además de tres modos de conducción (normal, sport y track) que permiten modificar los parámetros de motor, caja de cambios, programa electrónico de estabilidad ESC, dirección y sonoridad del escape, así como la visualización de la pantalla TFT de 10 pulgadas.

Alpine recuerda que “el A110 combina un diseño, materiales y tecnologías modernos con los principios del diseño del A110 Berlinette, como ligereza, compacidad y fluidez de líneas”, además de una perfilada aerodinámica (Cx de 0,32) con fondo plano integral, difusor funcional y entradas de aire en el paragolpes delantero que limitan el efecto vórtice, todo ello para pegar al asfalto un superdeportivo de 250 km/h que se permite el lujo de prescindir de alerón alguno. Las suspensiones de dobles triángulos en ambos ejes, las pinzas de freno Brembo totalmente de aluminio, las llantas de aleación Otto Fuchs o el asiento monocasco de tan solo 13,1 kilogramos de peso desarrollado por Sabelt son un ejemplo de la exquisitez con la que Alpine ha ideado un modelo que, según apunta la firma francesa, también “está pensado para el uso diario, con el espacio suficiente para que tanto conductor como acompañante se sientas cómodos, independientemente de su tamaño”.

Como guinda del pastel, Alpine ha lanzado una serie especial (Première Édition) y limitada a 1.955 unidades, en homenaje al año de nacimiento de la marca, con un precio de 58.500 euros en Francia, y cuyos ejemplares con guía izquierda se agotaron a los cinco días de su puesta a la venta. Así las cosas, los que puedan permitírselo tendrán que esperar al modelo de serie, que seguro que también será un éxito. Volver a soñar es posible.

ALPINE A110