la carta del día

Escocia, oportunidad o dignidad

Por Carlos Aitor Yuste - Sábado, 8 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:09h

escribía en estas mismas páginas el pasado 1 de abril mi amigo Jose Antonio Beloqui un artículo titulado Escocia, Estado europeo y cuya lectura recomiendo, en el que exponía que entre el incumplimiento de la promesa por parte de Londres de conceder el devo max(contracción demaximum devolution), la transferencia máxima de competencias, y la salida del Reino Unido de la Unión Europea, a la ciudadanía escocesa la habían “estafado”. Siendo esto así, no solo veía comprensible “que el Parlamento escocés haya aprobado hacer otro referéndum de independencia”, sino que también consideraba que la Unión Europea había de aprovecharse de que “tiene a la proeuropea Escocia de su parte” y emplearlo como una baza a su favor en unas negociaciones que seguro van a ser, como bien apunta, “a cara de perro”.

Como ciudadano europeo, en principio yo también veo lógico que, metidos ya en un conflicto que nosotros no nos hemos buscado, la Unión Europea se valga de cuantas bazas se encuentre en su camino para defender lo mucho que hay en juego. No me refiero tanto a los aranceles que pueden empezar a sufrir nuestras exportaciones al Reino Unido, porque a fecha de hoy ni siquiera las naciones sin acuerdos preferentes con Bruselas pagan los aranceles que se estilaban a mediados del pasado siglo XX. Tampoco me refiero a las grandes corporaciones, pues bien sabrán capear el temporal: el dinero, y un ejército de abogados, puede convertir la sal en miel.

Me preocupa en cambio, y mucho, la situación en la que pueden quedar centenares de miles de ciudadanos europeos residentes en el Reino Unido, y también, y no menos, la situación en la que podrían quedar otros centenares de miles de ciudadanos británicos que tienen a bien residir entre nosotros. Personas, vecinos, que sencillamente en un momento de sus vidas tomaron la decisión de buscar un futuro mejor lejos de sus países natales.

Sin embargo, no todas las bazas pueden ser consideradas legítimas ni todas las oportunidades deben ser vistas como ideales para arrimar el ascua a nuestra sardina, ya se llame esa baza Escocia o Gibraltar. Y en el caso concreto de Escocia conviene no olvidar que el devo max, una vieja promesa laborista, y que efectivamente no se ha hecho aún efectiva, no figuraba como una de las opciones del referéndum precisamente porque David Cameron sabía que de estar ganaría por goleada. Por eso se dio a elegir entre quedarse dentro del Reino Unido o salirse fuera. Y sólo al final, cuando se vio que la opción del fuera no era tan escuálida como calculaban, se empezaron a prometer de nuevo transferencias.

Respecto al deseo escocés de permanecer dentro de la Unión Europea, está fuera de toda duda: pero cuando los escoceses decidieron seguir dentro del Reino Unido ya se sabía que habría un referéndum sobre la permanencia en la Unión. Tan lícito, por cierto, como el de la independencia escocesa. No se puede hablar por tanto de “estafa” sino de derrota en las urnas. En las urnas: esas cajas llenas de votos que dan legitimidad a una decisión, nos guste o no. Y oponerse a esa legitimidad, estirar los argumentos hasta el punto de pedir un nuevo referéndum porque los británicos en su conjunto no han votado lo que los nacionalistas escoceses en particular, y otros millones de británicos en general, deseaban, no es precisamente muy legítimo.

Así pues, que la Unión Europea sea firme en el divorcio con el Reino Unido, porque es mucho lo que hay en juego, pero que no olvide que no todas las bazas son igual de dignas. Y la de Escocia, desde luego, no lo es.