Tolerancia cero

Delia Oloriz Vicente - Sábado, 8 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:09h

Hay que ver cómo es el ser humano. Parece ser que algunos no tienen otro pito que tocar que dedicarse a malmeter y fastidiar al propio vecino. Con esto llego a la conclusión de que sus vidas deben de ser un reguero de paz y armonía, y no les ha tocado vivir de cerca lo que son los verdaderos problemas de una sociedad machacada por el paro, la corrupción, los abusos, la violencia de genero, los desahucios etcétera.

Por otro lado, si no se viven estas experiencias, se ven (a no ser claro esta que se mire hacia otro lado). Voy al asunto en cuestión.

Soy una vecina de Burlada de toda la vida, y aquí nos conocemos casi todos. Mi lanza va por uno de los bares de esta localidad, situado en la calle principal en una plaza transitada y entre comillas llena de vida. Sus dueños, que, por cierto, considero amigos míos, llevan poniendo una terracita varios años, puesto que el bar no es nuevo (tiene callo) y es reconocido por todos los vecinos de este lugar, así que la vida de esta plaza se la debemos en gran parte a esa maravillosa terraza, punto de encuentro de amigos y conocidos que los hemos visto trabajar de sol a sol para sacar su familia y su negocio adelante....

Hasta aquí todo bien. El problema, porque así es como lo ven algunos, viene cuando este año deciden poner una terraza de madera impresionante y estéticamente preciosa y, al parecer, a algún vecino le ha molestado que tan preciada estancia parezca visualmente mucho más grande que la de antes, haciendo así que paralizen el termino de su construcción. Pero, ¿estamos locos? ¿Por qué somos así? ¿Afecta esto algo en sus vidas? Seamos serios y coherentes, señores. Si así fuese, yo sería la primera en mantenerme calladita, pero me indigna su intolerancia y su falta de respeto hacia algo que no les repercute para nada en su día a día.

Sus dueños se han preocupado de poner un banco alrededor de toda la terraza, para que la gente se pueda sentar sin tener que consumir, sin hablar de los puestos de trabajo que van a proporcionar y que tanta falta hacen. ¿No han pensado en eso? Ocupense de su ombligo, quizás tienen a alguien mucho más cerca de lo que se piensan, que necesita su ayuda en forma de denuncia, y déjense de banalidades cuando a nuestro alrededor existen problemas mucho más serios y graves. Con el pan no se juega, ¿no se lo enseñaron de chiquitos? Bájense a tomar una cervecita y una tostada de buen jamón, su salud y su humor se lo agradecerán, y les aseguro que verán la vida de otra manera.