A propósito de la ikurriña

Por Pello Gurbindo - Sábado, 8 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:09h

viendo las reacciones habidas en el Parlamento de Navarra por parte de algunos grupos políticos ante la decisión democrática de derogar la llamada Ley de Símbolos, me han venido a la cabeza situaciones vividas hace algunos años en el Ayuntamiento de Villava-Atarrabia, ayuntamiento que yo tenía el honor de presidir.

En Villava la ikurriña ondeó junto al resto de banderas oficiales desde el año 1977 al 2003.

La ciudadanía lo veía como algo normal, algo muy democrático puesto que además había sido aprobado en un referéndum popular allá por el año 77, con un ayuntamiento, por cierto, heredado del franquismo recién terminado.

Con total normalidad, y aceptando la realidad social del pueblo de Villava, lo vivían también los partidos políticos que durante años gobernaron nuestro pueblo (UPN principalmente), independientemente de su ideología. La ikurriña ondeaba oficialmente en las fiestas patronales, por San Andrés, etcétera.

Pero llegó la Ley de Símbolos, diseñada con el propósito de prohibir la ikurriña en toda Navarra, y se retiraron las ikurriñas de aquellos ayuntamientos que democráticamente, sin ninguna imposición, habían decidido que la enseña vasca era una de sus banderas.

Cuando en el año 2007 fui elegido alcalde de mi pueblo tenía la convicción de que legítimamente la ikurriña debía ondear en el balcón de nuestro Ayuntamiento al igual que lo había hecho desde la instauración de la democracia hasta apenas cuatro años antes.

El pleno municipal reunido en agosto del 2007 aprobó una declaración a favor de la bandera, reconociéndola oficialmente como una de las nuestras. En septiembre, coincidiendo con el 30 aniversario del citado referéndum, pusimos un mástil en el que la ikurriña ondeaba junto al edificio del Ayuntamiento a la misma altura que el resto de banderas oficiales.

A todas luces parecía no incumplir la Ley de Símbolos… todavía recuerdo a los portavoces de UPN y PSOE gritando como posesos mientras fuera se colocaba el mástil, les recuerdo con sus teléfonos móviles llamando a las sedes de sus partidos para ver “qué se puede hacer”.

Y se hizo… nos denunciaron en el Tribunal Administrativo de Navarra. Un juez declaró ilegal, cautelarmente primero, y definitivamente después, la ikurriña en nuestro Ayuntamiento. La sentencia no tiene desperdicio, venía a decir que la sombra que el edificio municipal proyectaba alcanzaba a la zona del mástil, y que por lo tanto esta zona formaba parte física del Ayuntamiento.

A la par que ello tuvimos que aguantar situaciones humillantes y ridículas en el salón de plenos, banderas del Madrid, osasunistas, del grupo Kiss… situaciones provocadas por los concejales de UPN y PSOE que tuvieron una gran repercusión mediática para regocijo de estos concejales a los que poco importaba aquello que no fuera su propio protagonismo.

Titulares de prensa, abríamos telediarios... incluso un conocido dibujante local me dedicó una tira en su periódico en la que yo portaba una bandera de la SS. ¿Yo de la SS por colocar una bandera democráticamente aprobada por el pueblo al que represento? En fin…

Como decía al principio, el jueves pasado vi a los representantes de algunos partidos gritando, sacando banderas, abandonando el Parlamento, no aceptando en definitiva lo que una mayoría decide, únicamente les vale esta mayoría democrática cuando lo es en favor de sus postulados. Si no es así vaticinan el caos para Navarra, la hecatombe, un caos que muy a su pesar no va a llegar, porque para su desgracia los datos económicos y sociales nos dicen lo contrario. Ahora, después de catorce años, tenemos la oportunidad de libre y democráticamente volver a ver la ikurriña colgar de los balcones de nuestros ayuntamientos, porque así lo queremos, con orgullo, con dignidad y sin tener que recurrir a fórmulas que no incumplan la legalidad vigente.

Agradezco al gobierno de Uxue Barkos y a los partidos firmantes del pacto cuatripartito el haber sido capaces de dar este giro histórico a una situación totalmente antidemocrática auspiciada por un régimen que aplicando su rodillo acabó con todo aquello con lo que no comulgaba, independientemente del apoyo que en otras instituciones navarras pudiera tener. Agradezco así mismo su esfuerzo para que se visualice una Navarra plural e integradora, esa Navarra en la que todos y todas cabemos.

El autor es exalcalde de Villava-Atarrabia