El trampolín de Josenea

La asociación sociolaboral mantiene una tasa de inserción del 85% desde su inicio en el año 2003

En 2016 cinco nuevas personas han logrado su estabilidad laboral con su labor en la finca de Lumbier

M. Zozaya Elduayen - Sábado, 8 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:09h

Juan Mari Goñi, Francisco Javier Oliver, Julián González, Camino Allo, Eva Macua, Txus Cía (director), Elisa Ayape, Arantza Larumbe e Iker Vidarte , ayer en la finca.

Juan Mari Goñi, Francisco Javier Oliver, Julián González, Camino Allo, Eva Macua, Txus Cía (director), Elisa Ayape, Arantza Larumbe e Iker Vidarte , ayer en la finca. (MARIAN ZOZAYA)

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Juan Mari Goñi, Francisco Javier Oliver, Julián González, Camino Allo, Eva Macua, Txus Cía (director), Elisa Ayape, Arantza Larumbe e Iker Vidarte , ayer en la finca.

lumbier- Del negro más oscuro a la luz más clara ha cambiado el color de la vida de varias personas empleadas en la Asociación Sociolaboral Josenea, un puente entre su finca Bordablanca en Lumbier y el mundo laboral al que han accedido tras su trabajo y formación en el mundo del cultivo de más de 60 plantas aromáticas y medicinales.

Juan Mari Goñi, Francisco Javier Oliver, Julián González, Camino Allo y Ecaterina Rahela pertenecen a la última tanda de 2016 que han dado el salto. Son cinco ejemplos de un total de 120 personas que se han formado en Josenea desde el año 2003. Pertenecen a ese 85% que han logrado su estabilización laboral. “Es la tasa de reinserción que nos marcamos y no hemos bajado en 14 años;además, es la más alta de España”, mantiene satisfecho Txus Cía Asensio, su director y fundador en 2002. “Era un reto: demostrar que con una actividad no rentable y con gente que nadie quería se podía formar una gran empresa”, insiste. Con este fin nació Josenea, sin ánimo de lucro, como trampolín para hombres y mujeres en exclusión social, en estrecha colaboración con el Servicio Navarro de Empleo y el Instituto Navarro de Bienestar Social.

Alcanzado y superado el objetivo, hoy Cía reitera que ha sido la actitud, el hábito adquirido y el trabajo lo que ha posibilitado el paso a estos cinco últimos empleados, y a dos más en lo que va del año. “Del abatimiento al que llegan a la reafirmación final hay un abismo y un proceso detrás mezcla de trabajo y de variedad de formación”, añade.

Juan Mari Goñi Armendáriz, 60 años, de Barañáin, disfrutaba con su trabajo de delineante en una oficina técnica que la crisis cerró. Con 56 años dio a su vida un giro de 180 grados cuando se volcó en otra de sus aficiones, la jardinería, y se apuntó a varios cursos del SNE y del Ayuntamiento de Pamplona. “Ahora me siento afortunado porque he ido de un disfrute a otro”, expresa. Un conocido le dio la pista, y tras dos años de trabajo en Josenea, ha pasado al Servicio de Medio Ambiente y Jardinería. “He pasado de verlo todo negro oscuro a disfrutar. Soy un ejemplo de que los cursos funcionan y acabar mi vida laboral en Josenea me parece un milagro”, expresa.

A Francisco Javier Oliver, con 54 años y vecino de Aos (Lónguida), la denominada crisis le dejó sin trabajo en la construcción en 2009. A su edad, se le cerraron todas las puertas, las de la construcción y las de la industria. Llegó a la finca de Josenea gracias a un amigo y espera jubilarse allí.

A sus 58 años, Camino Allo, vecina de Lumbier, se emociona al recordar cómo fue perdiendo su trabajo como profesora de informática porque se redujo la oferta de este tipo de cursos con los recortes. Se entregó posteriormente al cuidado de su madre, y cuando acabó esa dedicación se encontró sin rumbo pasados los 50. “Con un hijo de 18 años, tenía sobre todo ganas de trabajar. Me sentía con energía y con posibilidad de dar. Josenea me dio la oportunidad y Eva me enseñó todo lo que sé. He aprendido mucho. Siento que me ha tocado la lotería”, declara.

ganas de trabajarEstas ganas de trabajar que manifiesta Camino Allo es la actitud que valora la sociedad sociolaboral y la que intenta transmitir a todos y todas las que llegan. También la que hace que se quede como adjunta a la sección de Agroalimentaria. “Es la actitud que se valora también en las empresas a donde se trasladan cuando terminan aquí”, dice Cía.

Julián González, 57 años, de Pamplona, era comercial del sector de la automoción. Una reestructuración en su empresa lo dejó en la calle y tras dos años y medio en el paro, acabó psicológicamente hundido. “Soy muy conocido en Pamplona, de la calle Calceteros de toda la vida. Removí cielo y tierra, dando toques a todo el mundo”, recuerda. La suerte quiso que se encontrara con Belén Gay, trabajadora de Josenea, que le animó . “Ha sido mi salvación física y psíquica. Hoy soy un hombre feliz;puedo ayudar y transmitir alegría a mi hija que tiene una lesión cerebral porque además de trabajar, me sobra tiempo para estar con ella”, manifiesta totalmente emocionado.

González se está formando como comercial y ahora se dedica a vender los productos de Josenea “con éxito rotundo”, recalca, porque Josenea se nutre en lo posible de quienes ha formado.

Cuenta hoy con 33 trabajadores, de los que 17 puestos son de reinserción. Y podría haber más. Como responsables cuenta con: Eva Macua (sección agroalimentaria), Elisa Ayape (servicios ambientales) Arantza Larumbe (administración) e Iker Vidarte (finca ecológica). Exportan a USA, México y Arabia Saudí. Tiene una producción anual de 1.200.000 euros, 400.000 en servicios medioambientales y el resto en ventas ecológicas). Cuentan con subvención del SNE, el respaldo de Bankia (7.200 euros en 2016 para compra de material), Fundación Caja Navarra (8.000) y el patrocionio de Geoalcali. “Nos gustaría seguir contando con las empresas de la zona”, concluye Txus Cía.