A impulsos

Estimado tío Luis

por Javier Lana - Sábado, 8 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:08h

Ya sé que llevo muchas semanas sin escribirle y no tengo perdón de Dios. Le imagino aburrido entre tanto viejo, aunque usted la lengua no la deja nunca en descanso. En su última carta me pregunta por las cosas del pueblo. Los que viven y los que se han muerto, cómo va la cosecha, si ha habido piedra o heladas de última hora que hacen más chica la recogida. Por de pronto los hielos se llevaron por delante esas flores tan bonitas que adornaron los almendros, o sea que este año nos quedaremos sin comer almendras, y si no tenemos almendras, no sé cómo haremos las cuatro barras de turrón que tanto le gustan y que tenemos costumbre de llevarle por navidad.

Así que ya ve cómo van las cosas. Confiemos que la uva que parece que se ha librado, no la haga cisco alguna de esas pedregadas que van parejas a las tormentas de agosto.

Por casa, pues qué quiere que le diga. Ya le conté que la Rosa se quedó preñada y que todo fue bien hasta el parto, claro. La chica no venía bien y al médico le costó lo suyo sacarla del vientre. Qué manera de sudar que hasta lloraba de tan complicada como venía la cosa. Y luego el disgusto, uno muy grande, tío Luis, cuando la comadrona me llamó un poco aparte para decirme que la chica igual no duraba ni una semana. Y sí que duró, tío Luis. Ahí está, vivita y coleando, pero ¿sabe? no es una chica normal... Cuando vi su cara y sus ojos achinados, y su lloro casi extraño, ya me dije que nos había nacido tonta. Tanto esperar, tanta ilusión por una hija y mira por donde nos sale tonta. ¿Sabe, tío Luis? me vino una congoja que no pude hacer otra cosa que tirar para el monte. Tirar para el monte y maldecir hasta decir basta. Pero ¿qué habré hecho yo para que el cielo me castigue de esta manera? Dice la Juliana que estas cosas están relacionadas con los pecados viejos. Pero ¿qué pecados tengo yo, tío Luis? ¿que de novios se me fue la mano con la Rosa en eso de enredarla un poco? Pero mira por donde, bien que me la llevé al altar y con todos los sacramentos.

Aunque ya nos dejó claro que su cabecita apenas podrá retener tres o cuatro cosas

Y ¿qué más he podido hacer yo para molestar al Santísimo? Algún que otro juramento pero nada de mecagüen... Ahora sí, después de esto creo que ya ni me habla, de tanto como lo he ofendido. A mí que no me cuenten cuentos, tío Luis, que yo no me creo que ese que está arriba es tan retorcido. Pues ¿no dice el señor cura que nos quiere a todos como si fuéramos sus hijos? Pues jolín, que yo no quisiera para mis hijos nada malo.

Pero bueno la vida sigue y ¿sabe? La chica que se llama Tina. Ya casi anda. Se levanta y se cae muchas veces pero es muy testaruda y venga a ponerse de pie. Nos dicen que andará, que si es tan cabezona como su padre en pocos días estará corriendo y ¡qué de ganas tengo, tío Luis! Tina también tiene unas cosas que me encantan. Se me acerca a arrastras y me lanza sus manos para que la recoja y una vez sobre mi pecho me abraza, y no para de besarme, como que no hago más que llorar de lo que me gusta. Ayer vino una asistenta. Es muy maja y nos dice que el año que viene la matriculemos en la escuela del pueblo. ¿Sabe? Asistirá como los demás niños a las clases, aunque ya nos dejó claro que su cabecita apenas podrá retener tres o cuatro cosas, pero compartirá el cariño de los demás niños. Ahora ya no es como antes, ¿se acuerda, tío Luis, de la Vicenta, la hija de los Remirez? Esa chica nunca salió de su casa ni de su cocina. Apenas unos gestos sin sentido y un gruñido que no nos daba más que pena. Ahora es todo diferente. Nos dicen que nos ayudarán para que pueda hacer algunas cosas. Ya nos pide ir a hacer pis, pero no le gusta sentarse en la taza y quedarse sola, porque piensa, o eso creo yo, que en el fondo del retrete hay un montón de monstruos malos, así que ella no para de mover sus manos para espantarlos .

Tío Luis, para navidad iremos a verle. Iremos Rosa, la Tina y yo. Quiero que la conozca para que vea lo guapa que es y porque ¿sabe? desde que escuchó que irá con los otros niños a la escuela no ha dejado de sonreir de lo contenta.

Un abrazo, tío Luis, de Rosa y este sentido cariño de su sobrino que no le olvida.