Música

Vuelta a los orígenes

Por Teobaldos - Domingo, 9 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:12h

orquesta barroca de sevilla

Director concertino: Andoni Mercero. Programa: obras de Juan Sebastián Bach. Programación: ciclo Cartografías de la Música del Museo Universidad de Navarra. Lugar: auditorio del museo. Fecha: 30 de marzo de 2017. Público: lleno (16 y 12 euros).

En el anterior ciclo del MUN -Coda en Movimiento- tuvimos la oportunidad de acercarnos al inconmensurable J.S. Bach desde la danza, el cine, o el comentario filosófico. Constatando siempre la inagotable fuente de inspiración de la música del Kantor de Santo Tomás. Un tanto desacralizado -el agobiante ambiente doméstico del compositor, sus luchas administrativas, su ceguera- por la película suiza Mi nombre es Bach; absolutamente sublimado por la extraordinaria visualización de Las variaciones Goldberg por Virgilio Sieni, y de las Suites para chelo, por Mónica Runde;o buceando en su profunda sacralidad por la compañía Kor’sia. También hemos experimentado cómo la cimentación del bajo continuo bachiano, ha llegado hasta la electrónica. Hoy, con la Orquesta Barroca de Sevilla, hemos vuelto al origen, al sonido puro tan lejano -pero cercano- de los instrumentos historicistas, con sus matices añejos, con su vitalidad tímbrica rediviva, con una luminosidad que no soslaya los reflejos ocres, con una pasión rítmica que, en las versiones de los de Sevilla, es ya legendaria. Y, además, con los Conciertos de Brandemburgo y la Suite nº 2 para flauta, cuerda y bajo continuo, en el programa. Pocos conciertos tan agradables, de entrada.

Y no defraudaron. La orquesta, ajustada al mínimo en atriles, sorprendió por el tempo muy ágil que tomó sobre todo en los allegros. El Brandemburgo 3, que abría la velada, fue especialmente chispeante en el allegro final. Antes el concertino violinista -que más tarde tocaría con igual solvencia la viola- marcó, a solo, una afinación perfecta. El Brandemburgo 5fue electrizante, sobre todo en el clave y su famosa cadencia que cierra el primer movimiento: tan adornada en la parte aguda, tan prodigiosamente pulcra en la pulsación;tanto es así que el público aplaudió ese primer movimiento, sin esperar a que terminara la obra. Por supuesto, la flauta y el violín, como el resto de la orquesta, en esa sintonía de timbre, sin endulzamientos. En el Brandemburgo 6todo se detiene un poco, pero tampoco se llegó al estado meditativo que hizo Koopmann en la anterior versión de esta misma pieza que escuchamos en el Gayarre. Ciertamente son versiones muy diferentes -y ambas estupendas-, pero aquí la violas, con sumergirse en la misma atmósfera, están mas sueltas. Extraordinario el bajo continuo comandado por el violonchelo. La famosa suite para flauta, tan conocida, fue por los mismos derroteros de precisión, alegría, respeto al sonido apaciguado y elegante de la flauta travesera. Porque, la agilidad no quitó nunca elegancia, ni dio sensación de precipitación alguna. La música fluye como arroyo -claro- torrencial, pero controlado. De propina un pequeño cambio de ambiente -pero muy pequeño-, laSuite para flauta de Telemann: otra maravilla, y muy traída tras la de Bach.

En fin, muchísimo Bach en el campus de una universidad. Buena señal. No debería faltar nunca.