Editorial de DIARIO DE NOTICIAS

Un paso necesario, nada que celebrar

ETA ha entregado sus armas sin épica, sin cumplir uno solo de sus objetivos y sin obtener nada a cambio, como símbolo de una derrota que debe servir para consolidar la paz y asentar la convivencia

Domingo, 9 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:10h

ETA culminó ayer el largo proceso por el que, con todas las cautelas hasta la exhaustiva comprobación por parte de las fuerzas de seguridad, ha dejado de ser una organización armada, cinco años y medio después de anunciar el fin definitivo de su actividad violenta. Si, como afirmó ayer el coordinador de la Comisión Internacional de Verificación (CIV), Ram Manikkalingam y vino a confirmar el Gobierno francés al calificarlo de “un gran paso”, lo ocurrido ayer “es el desarme de ETA”, se trata de una buena noticia, de un avance necesario por parte de la organización y que toda la sociedad estaba esperando y demandando desde hace mucho tiempo. Es un paso fundamental, pero no hay motivo para celebración alguna, sobre todo porque llega muy tarde -en especial para las víctimas- y se ha producido en circunstancias que han rozado el patetismo.

El desarme escenificado ayer parece cumplir los requisitos exigidos para considerarlo como tal. Ha sido unilateral, sin contrapartidas, verificable en la medida que ha intervenido una comisión internacional y el arsenal puede ser comprobado, legal ya que la documentación con las localizaciones de los zulos ha sido entregada a las autoridades francesas y, si no completo -un extremo en todo caso muy difícil de contrastar-, sí al menos suficiente como para entender que ETA ya no dispone de capacidad para mantener su actividad armada. Un desarme en el que las instituciones de la CAV, Navarra e Iparralde han tenido un papel discreto pero esencial y un comportamiento ejemplar para que pudiera llevarse finalmente a cabo con éxito.

ETA ha entregado sus armas sin épica alguna, sin conseguir uno solo de sus objetivos y sin obtener nada a cambio. Ese es el gran símbolo de lo ocurrido ayer: el de la derrota sin paliativos pese a los intentos de edulcorar tanto el proceso de desarme como la propia historia de la organización terrorista utilizando torticeramente a la sociedad civil, la misma que tantas veces ha despreciado.

Pero aún falta mucho por hacer. En primer lugar, verificar todo el arsenal y comprobar su posible utilización en algún atentado, para su posible esclarecimiento. En cualquier caso, ETA debe a la sociedad aún otro paso, el definitivo: su disolución, que, por otra parte, se tenía que haber producido hace décadas. No sería entendible su permanencia, ni ética, ni política ni estéticamente. Queda también la tarea de asentar la paz, reconocer y reparar a las víctimas y consolidar la convivencia.

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