Noticias de NavarraDiario de Noticias de Navarra. Noticias de última hora locales, nacionales, e internacionales.

Saltar al Contenido

Períodico de Diario de Noticias de Navarra
Republicanismo

Republicanos de ocasión

Por Santiago Cervera - Domingo, 9 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:11h

Galería Noticia

muy divertido eso de poner la bandera republicana en el Parlamento. O para precisar, la bandera adoptada durante la segunda república, porque durante la primera era tan roja y gualda como es ahora. Un día es un día y no debe caer en el olvido que algunos partidos siguen teniendo ese alma tricolor, aunque también quieran mostrar su sentido de la responsabilidad y acepten que la jefatura del Estado en España se haya encomendado constitucionalmente a la familia Borbón y sea ejercida filogenéticamente, por transmisión espermática y con aberrante preferencia del hombre sobre la mujer. Se saca la bandera a pasear de vez en cuando y así no fenece el fervorín republicano. Y eso es todo.

Se saca la bandera a pasear de vez en cuando y así no fenece el fervorín republicano. Y eso es todo. Trístemente, es todo

Sobran republicanos de ocasión, faltan republicanos con cuajo, los que no hacen de este asunto una mera referencia textil<

Tristemente, es todo. Todo es una pose, una remembranza atocinada de un tiempo pasado, que más que reivindicar la república lo que hace es recordar el gobierno del Frente Popular, época siniestra de nuestra historia. Porque defender la república en unos términos mínimamente aceptables dentro del debate político actual no lo hace casi nadie. Y en ausencia de razón política bastante, el concepto es paseado de vez en cuando de la mano de los partidos de izquierdas, empeñados en mantener viva una idea a la que ellos mismos son incapaces de dotar de contenido y fuerza propositiva. En ocasiones me he quejado de que en este país declararse republicano es sinónimo de ser un rojeras, cuando las razones de peso para considerar anacrónica la monarquía las puede aportar más la visión liberal que la colectivista. El liberal cree en la meritocracia, y elegir al jefe del Estado en votación general y periódica es más compatible con este principio que aceptar la transmisión familiar del puesto. El liberal no conoce otra aristocracia que la del esfuerzo y el talento, que no es la que generalmente se exhibe en esa prensa del corazón en la que pacen reyes y allegados. El liberal también cree en el principio de rendición de cuentas, imposible de aplicar a quien se puede instalar en una magistratura avalado por sus genes y sin sometimiento a las leyes, otorgada la inmunidad e inviolabilidad como injustificable vestigio del Antiguo Régimen. Y el liberal, como resumen, no puede aceptar que los efectos que se trasladan a toda la sociedad de un sistema inadecuado de asignación de la jefatura del Estado sean mucho más negativos que positivos, como así ocurre hoy día. Siempre se ha dicho que en las democracias maduras la monarquía se justificaba por la ejemplaridad, representar en tal estirpe la templanza y unas pocas virtudes públicas, el saber estar y el saber comportarse. Sonaría a chiste describir cómo en nuestro país los Borbón han entendido secularmente esa ejemplaridad, y no sólo en referencia a saqueos recientes o a la utilización de recursos públicos para facilitar coyundas, entre otras gestas.

No creo que haya nadie que dude de la necesidad de regenerar un país, España, que anegado en la corrupción y con la mediocridad y el oportunismo instalados en sus estructuras políticas avanza hacia ningún lugar. Pregunten a cualquiera sobre qué hay que hacer para que esto cambie, y casi todos dirán que endurecer las penas aplicables a los que trinquen, y poco más. En realidad, España se depaupera no por lo que diga o no diga su código penal, sino porque está atenazada por tres problemas capitales: el machaque (especialmente fiscal) a las clases medias;la existencia de una administración que es el auténtico enemigo del administrado, siempre opuesta a los cambios productivos;y porque persiste una plutocracia que vive enseñoreada de las vidas y haciendas de los españoles, como se demuestra cada mes con el recibo de la luz. Regenerar este país es hacer que esto cambie del todo, y eso es imposible si no se transforma el modelo de organización del Estado desde arriba y hacia abajo. Pero en esto no están ni los de Podemos, ni los de IU, ni menos los del PSOE, por mucha bandera que saquen. A ver si algún día deja de ser una giliprogrez eso de decirse republicano, y aparece una propuesta política de raíz esencialmente liberal capaz de mantener la pertinencia de pasar tranquilamente esta página de nuestra historia y reorganizar el Estado empezando por su cúspide. Sobran republicanos de ocasión, faltan republicanos con cuajo, los que no hacen de este asunto una mera referencia textil.