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Un regalo para la afición

primera victoria en el sadar | sergio león culmina con un gol espectacular, el segundo de su cuenta en el partido, la remontada de osasuna frente al leganés

Javier Saldise - Patxi Cascante/Mikel Saiz - Lunes, 10 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:08h

Sergio León, en la jugada en que remató al poste tras superar al meta.VER VÍDEOReproducir img

Sergio León, en la jugada en que remató al poste tras superar al meta.

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Sergio León, en la jugada en que remató al poste tras superar al meta.ReproducirSergio León, en la jugada en que remató al poste tras superar al meta.

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pamplona- Estuvo bien que Sergio León, este goleador estratosférico que juega por ahora en Osasuna, se guardara para un día tan especial, el de la primera victoria en El Sadar, semejante obra de arte. El zurdazo del delantero, en una jugada de tres trazos -centro largo desde la puerta, control intermedio de Berenguer y resolución por las bravas-, le brindó al equipo rojillo el primer triunfo como local, por fin un regalo para la afición que ha aguardado paciente, atenta y sin reproches que los suyos les ofreciera una alegría en su domicilio.

El gol de Sergio León, como el de Berenguer en Vitoria pocos días antes, desequilibró un encuentro malo, en el que el Leganés demostró que podría pasar horas y horas de esforzada entrega alrededor de la portería contraria pero que difícilmente encuentra el modo de llegar a la red. De hecho, el gol que le endosó a Osasuna fue una rareza, con un central de delantero, rematando de semiespuela tras apropiarse del área pequeña.

Osasuna se agarró ayer a la pegada de su ariete estrella para sumar tres puntos que, unidos a los otros tres de Mendizorroza, le acercan un poco a sus rivales más próximos, muy lejos de cualquier otro sitio que no sea la zona de descenso. No hacen falta muchos estímulos para esta hinchada, puro fuego en el ánimo y recatada en las críticas, pero tampoco hay que hacerle ascos a que se incremente la ilusión para este final de campeonato penoso, en el que con estos dos triunfos seguidos alguno se ha animado a sacar la calculadora.

Osasuna se plantaba ante uno de sus problemas irresolubles de esta temporada, el de ganar en casa. El Leganés, obligatoriamente, debía ser un rival mucho menos feliz que el Alavés, que anda en este tramo de la Liga a otro ritmo porque tiene los deberes hechos y la guinda de la final de Copa como colofón del torneo. Los pepineros,en su primera campaña en la máxima categoría, bastante están haciendo con ceder la condición de candidatos al descenso a otros, Osasuna incluido, como para venirse por aquí a no morder, a contemporizar. Si a ello se unió que los rojillos ofrecieron una de las peores primeras partes en mucho tiempo, el resultado fue demasiados minutos decepcionantes.

Los dos equipos no lograban armar jugada alguna con dos pases seguidos y a Osasuna, además, le pasó factura en el primer cuarto de hora su enésimo error en la zaga. En esta ocasión, no se defendió correctamente un córner porque, antes del remate poco ortodoxo de Siovas, en el área pequeña, con Sirigu clavado bajo los palos y Oier superado por su oponente, ya hubo un primer toque de balón en el área. Los problemas de siempre.

Sin un guión claro para el partido, con una confusa ubicación de Riviere por el flanco derecho -el francés anduvo pundonoroso y despistado-, a Osasuna le vino a sonreír el premio a su fútbol de empuje gracias al penalti torpe que cometió Tito. El defensa atropelló con estrépito a Sergio León en el área y la pena máxima se la cobró para los rojillos el propio delantero. La variante en el marcador animó Osasuna, que brindó un tramo final de la primera parte con algo más de chispa, incluso con otra ocasión para remontar por mediación de un cabezazo de Fausto, pero con evidentes problemas a la hora de gestionar el juego. Osasuna y Leganés pugnaron a la hora de opositar por el descontrol -los pases fallados enterraban cualquier otra estadística-, y les estaba saliendo a las mil maravillas.

La inclusión de Berenguer por el lesionado Riviere tras el descanso le dio algo más de naturalidad al equipo. Antes de que el Leganés volviera a llevar las riendas del partido con una superioridad a veces exagerada, hubo un ensayo de jugada para la acción decisiva de Sergio León. En esta ocasión, el delantero volvió a salir disparado tras tocar con la testa Kodro, pero su remate final fue repelido por Herrerín. Acababa de comenzar el segundo tiempo y los rojillos iban a estar muchos minutos persiguiendo el balón, agazapados en su campo, sin encontrar refugio en el mando de la pelota para ganar metros y oxígeno.

El Leganés demostró entonces porqué anda como anda, metido en sus apuros, que son menores que los de Osasuna, pero mirando de reojo a los que le siguen. Los madrileños fueron decididos hasta llegar al área pero, en ella, se esfumaban, fallaban, no ponían el punto de mira en la portería. Con el Leganés abusón, saltó el partido por los aires con el prodigio de Sergio León. Osasuna llegó de área a área en un visto y no visto, y el delantero soltó un zapatazo de alta escuela, con potencia y definición. Aún pudo subir un escalón más en la gloria del partido el atacante rojillo cuando, en otra jugada a la carrera, se topó con un poste y luego con un defensa, ya a puerta vacía. El Leganés terminó el partido muy tocado, notando en su ánimo las consecuencias de la remontada. En Sergio León estuvo la diferencia. Para algunos, encendió las ganas de soñar.