Caballerosidad en el deporte

Francisco José Eguía Astibia - Martes, 11 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:08h

Este fin de semana he visto varios eventos deportivos y quiero destacar la caballerosidad (y vale para los dos sexos) entre rivales en un deporte, y la falta de ella en otro.

Citaré primero esto último cuando veo y oigo a cronistas deportivos ensalzar la enemistad, imbuida de odio, entre rivales de fútbol. Predican algunos medios de comunicación que no se puede admirar el buen juego de un rival, los insultos y las agresiones se reparten por la mayoría de los campos de fútbol, y los mal llamados aficionados se citan a horas intempestivas para una batalla campal.

Pues bien, hay otro deporte en el que un español ha ganado una gran competición, el Máster de Augusta, donde además de la rivalidad impera la caballerosidad. Citaré dos hechos puntuales. En un hoyo, un jugador norteamericano ha embocado la bola de un solo golpe. Ha estallado de alegría y ha empezado a chocar sus manos con el rival, los caddies y los numerosos espectadores cercanos. Cuando ha sacado la bola del hoyo la ha firmado y, raudo, se ha dirigido hacia un niño sonriente que estaba en la primera fila y se la ha regalado. El niño no cabía dentro de sí.

A lo largo del partido estelar los dos rivales, aún sabiendo lo que se estaban jugando y lo apretado del enfrentamiento, se felicitaban el uno al otro dándose una palmada si uno de los dos había realizado un buen golpe. En la victoria final, además de la alegría del ganador ha habido un abrazo cortés de sonrisas compartidas.