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sección segunda de la audiencia de navarra

Condenados por estafar a una empresa navarra en un caso de espionaje informático

Dos años de cárcel al matrimonio valenciano acusado de muleros bancarios - Se facturó, ‘hackeando’ el e-mail de la firma navarra, medio millón a un cliente asiático

Enrique Conde - Martes, 11 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:07h

Ratón de ordenador.

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Ratón de ordenador.

pamplona- Un matrimonio valenciano, José Antonio M.A. y Silvia T.P., fue condenado el pasado viernes de conformidad en la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Navarra por un delito de estafa a dos años de prisión cada uno de ellos después de que reconocieran haber sido los receptores de una transacción económica destinada a una empresa navarra y a la que previamente habían hackeado el correo electrónico interceptando sus comunicaciones. Los acusados, que actuarían como se conoce en el argot como muleros bancarios (normalmente se identifica con aquellas personas que aceptan un encargo a través de Internet, trabajo que consiste en gestionar pagos y cobros recibidos desde el extranjero a una cuenta bancaria que sea de su titularidad), tendrán que devolver además una cantidad de 34.966 euros, que fue la cantidad que gastaron en cuatro días del total de 106.245 euros, el importe que habían recibido en la transferencia que motivó su delito.

Los acusados reconocieron los hechos después de que la Fiscalía rebajara su petición inicial de pena, que ascendía a cuatro años de cárcel, y que el acuerdo también fuera aceptado por la acusación particular, que elevaba su solicitud hasta los cinco años de prisión. Según el escrito ahora acordado, desde primeros del año 2014 personas que no han podido ser identificadas accedieron ilegalmente a la red informática de la empresa Navarpluma S.L., en Navarra desde 2001, situada en el polígono industrial de Arazuri y especializada en plumas y plumones de pato para su comercialización en distintos productos para cama o ropa. Ese acceso ilícito permitió a los espías informáticos conocer los datos de la correspondencia que Navarpluma mantenía con sus distintos clientes y se centraron especialmente a las conversaciones en las que se cerraban operaciones de venta de plumas con una empresa asiática, radicada en Taiwan.

DOS INTENTOS FRUSTRADOSAsí, según el escrito de acusación, Navarpluma solicitó a partir de julio de 2014 el pago a la firma asiática de un pedido del mes anterior y para ello emitió la correspondiente factura que envió a través de un e-mail. Para entonces, ya se había hackeado el correo electrónico de la empresa suplantándolo por otro con una cuenta casi idéntica (solo cambiaba una letra entre los dos e-mails, el correcto es el nombre de la empresa Navarpluma y el hackeo escribía desde Navarplvma, con ‘v’). Para el abono de las cantidades adeudadas, una por importe de 273.996 y otra de 106.282,5 euros, se facilitó una cuenta bancaria abierta en el Banco Santander cuyo titular no era la empresa navarra, sino Familia Bueno Finance SL, sin ninguna vinculación con Navarpluma. Esta estafa se quedó en tentativa al no llegar a producirse los abonos una vez que se detectó por parte de la entidad su posible irregularidad y que fueran, por tanto, bloqueados.

Pero posteriormente sí que se logró una transferencia exitosa que es la que ha terminado con la condena de los acusados. Por el mismo procedimiento utilizado anteriormente, se facilitó a la empresa de Taiwan un número de cuenta abierto en la Caixa para que se hiciera efectivo el ingreso por transferencia bancaria de 106.245 euros de una factura pendiente. Tal depósito se realizó el 7 de agosto de 2014 y la cuenta a la que fue remitido correspondía a la Asociación Instituto Tecnológico de Comunidad Europeo, de la que es representante legal la acusada, Silvia T.P., y cuyo socio y director comercial es el otro acusado y su esposo, José Antonio M.A., con antecedentes penales cancelables por un hecho similar. Ambos procesados, rezaba el escrito de Fiscalía, se valieron de la suplantación informática realizada y dando apariencia ante la entidad bancaria de mantener relaciones comerciales con la empresa de Taiwan mediante la presentación de una Hoja de pedido profesional, consiguieron que se abonara en su cuenta dicha cantidad. Así, se apoderaron de los 106.245 euros en su propio beneficio de tal modo que los días siguientes a recibir la transferencia los encausados recibieron diversos pagos y abonos a través de Internet, por medio de un contrato de línea abierta del que eran titulares. Así, entre los días 7 y 11 de agosto de 2014, fecha en la que la Caixa bloqueó la cuenta, habían realizado seis abonos de esa cuenta (una por pagos a un abogado, otra como anticipo para adquirir un vehículo...).