De frente

La memoria y los cementerios

Por Félix Monreal - Jueves, 13 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:07h

Georges Bernanos dejó escrito en uno de sus ensayos: “Después de una guerra civil, la verdadera pacificación empieza siempre por los cementerios”. El dramaturgo francés vio con simpatía el alzamiento militar de 1936, en el que participó de forma activa en Mallorca. Hombre de ideología católica y ultraderechista, censuró poco después de forma severa el papel de la Iglesia en el golpe de Estado y los crueles episodios de la represión franquista de los que fue testigo o tuvo una versión directa. Si la paz, como dice Bernanos, empieza por los cementerios, habrá que convenir que asiste toda la razón a quienes, ochenta años después, no han podido cerrar las heridas de aquella guerra;entre otras cosas porque sus muertos no tienen tierra en la que descansar ni lápida que los haga visibles.

Esta semana, la memoria de un hombre de 87 años ha servido para rescatar de una fosa común los restos de seis personas fusiladas. El paso del tiempo no borró de su retina la escena de una ejecución que contempló con los ojos de un niño de 7 años. Ahora, su testimonio traerá paz a las familias de esos ejecutados -evadidos del penal en el que se convirtió el fuerte de San Cristóbal- cuyo único delito fue enfrentarse a quienes querían tomar el poder por la fuerza de las armas o, simplemente, ser señalados por no abrazar la ideología de los sublevados. Aquella fuga de presos acabó convertida en una cacería y sus víctimas, enterradas como animales. El miedo y el silencio hicieron el resto.

No hay cementerio, sin embargo, que entierre la memoria. Alcanzado finalmente después de décadas el sosiego de recuperar los huesos, queda pendiente el capítulo de la reparación, de la dignificación de quienes fueron tratados como criminales, del desagravio a las familias. Poco a poco, al menos las instituciones navarras y gran parte de la sociedad están empeñadas en el reconocimiento de los represaliados, en localizar las últimas fosas, en abrir las últimas cunetas y en que la paz, al fin, acampe en los cementerios.