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Me voy para el pueblo...

Por Txus Iribarren - Jueves, 13 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:07h

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Vinieron cada uno de sus pueblos por la mañana, quedaron para tomar un café en el bar cercano al Parlamento, se sentaron en la comisión, hablaron con la tranquilidad que les da conocer perfectamente lo que piensan en su casa, saludaron a los parlamentarios y se fueron a echar un pincho antes de volver a sus ayuntamientos y ocupaciones: uno a dar clases de clarinete, el otro de FP, el tercero a su mesa de diseño y decoración... Los alcaldes son gente normal. Tienen el mérito de haber dado el paso de meterse en el lío de lo público, que nunca sale rentable económicamente y mucho menos en la cuenta de resultados del tiempo libre. Pero es que además ahora hay una remesa de alcaldes y alcaldesas (de norte a sur, de izquierda a derecha...) que suenan bien. Preparados. Sensatos. Muy conectados con sus pueblos en los que lo mismo tocan la gaita, que llevan gigantes, que se movilizan contra un desahucio, que montan una comida popular o una romería. Gente que se remanga. Preparados. Democráticos. Que creen en lo común. Seguro que quedarán rescoldos de caciques clientelares o ediles de cemento y pelotazo. Pero en general hay un hornada muy interesante que conecta con otra generación solvente que hizo la travesía del desierto municipal. La política local es una buena escuela. Necesaria. Imprescindible. No es la única, pero suele evitar saltos en el vacío. Como casi todo periodista debería hacer un txupinazo, intentar hacer inteligible una exposición, cubrir un partido de regional o pasar el trago de contar un suceso, cualquier político que aspire a una carrera sólida debería saber lo que es un pleno, recibir a vecinos y vecinas, pisar la calle y hacer muchos viajes de ida y vuelta a Pamplona, en ocasiones infructuosos. Por eso, algunos de los que estuvieron ayer en el Parlamento se fueron un tanto sorprendidos del espectáculo que vieron desde la mesa. Del fuego cruzado de trincheras sin capacidad de escucha ni empatía. De apelaciones al presidente de la comisión, como si fuera un árbitro o el profesor, que fulanito “se está riendo cuando hablo...”. Y eso que en algunos escaños se sientan políticos que han tenido meritorias trayectorias municipales, aunque ahora les han dicho que representen otro papel... Claro que también hay buenos parlamentarios, -como buenos alcaldes-, pero cuando el reality showdel hemiciclo y la guerra de tuits sustituye al debate de ideas entran ganas, no de volver al ágora de Grecia, pero sí al salón de plenos del pueblo. Lo pequeño es bello.