A la contra

Viajando

Por Jorge Nagore - Domingo, 16 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:07h

Cuando no sé muy bien qué hacer, viajo. Con Google Maps. Es barato -lo que te cuesta la tarifa mensual de Internet-, no hay que desplazarse más que hasta tu ordenador, ni aguantar esperas, duermes en tu cama, comes en tu casa y le pones la banda sonora que tú quieres. Gracias a Google Maps y a Street View he estado en cientos de lugares que ni imaginaba que iba a estar, al mismo tiempo que por la ventana contemplaba el mismo andamio de siempre. Me parece -lo digo en serio- infinitamente más apasionante que el 99% de la televisión actual y que el 99% del todo actual. Moverte con el cursor por las calles de Port Chester o de Santa Teresa de Gallura o de Hobart en Tasmania a la vez que te enteras de la población que tiene la ciudad y conoces su clima y su demografía y cientos de detalles más me parece una fantástica manera de viajar sin el principal riesgo que tienen los viajes reales: la decepción. Bueno, la decepción es el riesgo en general que tiene la vida, pero los viajes suelen ser -en ocasiones- también un terreno abonado para que aparezca. El sitio no es tan bonito o curioso o distinto a como te habías imaginado, has ajustado tanto el presupuesto que se te clava el colchón en la espalda, la comida es intragable, tienes dolor de estómago, la gente es antipática, os ha tocado un clima infernal, solo os quedan dos días para volver. Los viajes, por lo general, si salen bien es más porque sabes que hasta dentro de un año no te vas a volver a ir y vas ya dispuesto a que pase lo que pase vas a disfrutar. Y aguantas lo que no aguantarías en tu casa. Y porque estás de vacaciones. Si no, de qué. Con Google Maps no pasa nada de eso. Vas de Brisbane a las Cíes en 15 segundos, pones el Astral Weeks de Van Morrison y a gozar. Sin atascos, sin colas, sin tumultos. No veo la hora de que llegue julio e irme a tomar por culo de aquí, puto Google Maps.