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También van a llegar tarde al país post ETA

Por Joseba Santamaria - Domingo, 16 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:07h

de nuevo, la política ofrece el peor ejemplo a la sociedad navarra sobre el uso instrumental e interesado de la violencia en el debate partidario. UPN y PP piden la dimisión de Ainhoa Aznárez como presidenta del Parlamento de Navarra por una fotografía publicada en un medio de Madrid en la que aparece junto al ex preso de ETA Josu Zabarte durante el acto de apoyo al desarme del pasado sábado en Baiona. Según Esparza, Aznárez aparece “charlando amigablemente” con Zabarte, quien ha cumplido íntegramente la condena por los 17 asesinatos que se le imputan. Ese detalle no se aprecia en la foto y Esparza no estuvo en Baiona y dudo que haya hablado con Zabarte, luego no tiene ni idea si la charla fue amigable o todo lo contrario. De hecho, Aznárez, quien también ha sido víctima de ETA, estuvo amenazada de muerte por su anterior condición de representante política del PSN -ahora forma parte de Podemos en Navarra- y se vio obligada como otros cientos de políticos a llevar escolta durante años, explicó que en ese encuentro le dijo que lo que tenía que hacer ETA es disolverse y pedir perdón. Nada que ver con lo que dicen Esparza y Beltrán. No es nuevo este uso político del dolor y del sufrimiento que causó el terrorismo de ETA para intentar obtener réditos políticos, personales o económicos. UPN y PP lo han practicado habitualmente y ha sido una excusa agitada desde determinados medios de comunicación para atacar judicial o políticamente a cualquier disidencia crítica o para hacer daño al adversario político. Basta recordar las manifestaciones convocadas un sábado sí y otro también contra Zapatero -también en Navarra bajo el falso argumento de que estaba vendiendo Navarra a ETA- o las acusaciones al PSN de traicionar a las víctimas de ETA y por supuesto a Geroa Bai o I-E con cualquier excusa. En el fondo, el objetivo final de esta estrategia perversa de trifulcas y manipulaciones interesadas es intentar alimentar una estrategia de confrontación política. Intentar imponer el conjunto de la sociedad una sola verdad absoluta de la que ellos son los únicos reveladores, y quien no comparte esa verdad sencillamente es un mal navarro o un cómplice del terrorismo. Una argumentación política grosera y manipuladora. No es nuevo este bombardeo sistemático de acusaciones y falsedades de la derecha política y mediática, entre otras cosas también para tratar de ocultar o evitar debatir sobre las consecuencias desastrosas que han dejado sus políticas y su gestión en la sociedad. Seguramente, porque saben que el comodín de ETA está perdiendo todo su valor en el discurso político y que con ello UPN y PP pierden también uno de sus principales argumentos de ruido. Es la evidencia de que la realidad de un país post ETA exige también cambios en los discursos políticos y algunos partidos y políticos también en esto van muy por detrás de la sociedad navarra. La democracia exige a los políticos ética y política, principios y soluciones, no demagogias populistas como las lanzadas ahora contra Aznárez. En todo caso, esos ataques, como las intolerables acusaciones a la presidenta Barkos de gobernar con ETA, evidencian que hay trabajo que hacer en el ámbito de la convivencia y que todavía hay quienes se resisten a dejar de hacer un uso partidista del dolor y de las víctimas aún a costa de jugar injustamente con la decencia y la dignidad de sus rivales políticos.

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