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El sueño llega hasta el Calderón

Derrota Osasuna, inofensivo y sin recursos, no tiene ninguna opción ante el Atlético de Madrid, muy superior, que sentencia el encuentro para el minuto 60;Sirigu detiene dos penaltis seguidos al final

Javier Saldise Agencia LOF - Domingo, 16 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:09h

Fausto, decepcionado, tras encajar uno de los goles del Atlético.

Fausto, decepcionado, tras encajar uno de los goles del Atlético. (AGENCIA LOF)

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Fausto, decepcionado, tras encajar uno de los goles del Atlético.

MADRID.Osasunacayó derrotadoante elAtlético de Madrid y la reacción sorprendente de este conjunto que lleva muchas jornadas sentenciado quedó cortada y las ilusiones frustradas, mientras el destino cruel cobra más forma, gana cuerpo y perfila su abrazo fatal. Dos golazos sirvieron para alimentar las esperanzas de algunos, que no dejaban de ser sino sueños fantásticos de una galopada sin fin hasta la remontada total, pero la realidad del campeonato resulta mucho más obstinada que la de dos partidos seguidos con victoria con sus dosis de fortuna.

Con la obligación de no dejar escapar ni un solo punto, Osasuna fue en el Vicente Calderón un equipo demasiado apocado en lo temperamental e inofensivo en lo futbolístico como para obtener cualquier premio. El conjunto madrileño fue muy superior y, en cuanto dio con la tecla del partido con el primer gol, vivió un encuentro plácido, en el que los rojillos dejaron claro porque andan como andan en esta Liga.

No fue un partido que se esperaba por parte de un Osasuna muy necesitado que, al contrario, no demostró el espíritu que se presupone a un conjunto tan necesitado, con el agua al cuello. La talla del rival, que jugó con un puñado de secundarios, no se debe obviar a la hora de medir las fuerzas, pero el nulo peligro de los rojillos y su falta de fuelle también escribieron buena parte del encuentro de ayer.

Si se mezclan uno de los equipos que menos goles recibe en su casa, monumento al rigor y fiereza defensivas, y uno de los que más encaja como visitante, un coladero muchas tardes, no puede salir nada bueno.

El Atlético de Madrid, sabedor de las diferencias y que anda metido en batallas más excitantes, salió a jugarse los puntos con un equipo alternativo, es decir, con varios no habituales y futbolistas a los que solo les va llegando estas oportunidades para citas como éstas. Sin Griezmann, pero pegada también, aunque que la manija en el centro del campo recayera en Thomas y Giménez dejaba bien claro el trato que se iba a dar a los rojillos. Osasuna presentó una típica formación agitación, con algún futbolista perdido en misiones que no son para él, caso del invento de Olavide de carrilero, que duró un rato, y con una patente carencia de chispa en el ataque.

Del equipo de Vasiljevic no hubo noticias en el primer tiempo. Ni un disparo entre los palos o fuera y un puñado de centros sin peligro fueron el bagaje ofensivo. El Atlético, que comenzó el partido perezoso y desconectado, necesitó quince minutos para que la comodidad con la que Osasuna se desempeñaba en defensa comenzará a convertirse en un problema y, finalmente, en un monumental atasco.

Carrasco, que venía protagonizando varias carreras elegantes con el balón unido al pie, pilló a la medida hora de partido el carril central del ataque del Atlético para culminar su estampida con un disparo raso, veneno puro para el portero. Osasuna se marchó al descanso con un solo gol en contra como mejor noticia porque tras haber sido apabullado y empujado a su campo, marcharse a los vestuarios con alguna opción, sin el partido perdido, resultaba una bendición.

No se inmutó Osasuna tras el paso por los vestuarios, pero si el Atlético. Aunque estaba ya Griezmann calentando por la banda por si el encuentro requería alguna solución inmediata y estelar, Carrasco reclamó de nuevo todo el protagonismo de lo que se estaba cociendo en el campo, que era guiso local, para marcar en el primer minuto de la reanudación, esta vez de cabeza.

A Osasuna se le hizo el partido larguísimo, como otros muchos de esta temporada, también fue adquiriendo ese aspecto descarnado de martirio sostenido, en el que cualquier llegada del rival hacía temblar los cimientos porque era sinónimo de acción de gol. Luis Filipe hizo el tercero cuando se cumplía la hora de partido y todo quedó para el festival de los hombres de Simeone, que no pasaron apuros, que vivieron una tarde tranquilísima frente a un Osasuna empequeñecido, que sabe los sueños no resisten ante los mordiscos de realidad.

Solo a última hora, Sirigu decidió sumarse a la fiesta y paró dos penaltis, injustos, para evitar una goleada mayor. Fue la única nota positiva del partido.

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