El txistu de Mauricio lleva mudo 25 años

Domingo, 16 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:09h

Mauricio Elizalde.

Mauricio Elizalde. (Foto: Archivo)

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Mauricio Elizalde.

Será mañana lunes, 17 de abril, cuando se cumplirá un cuarto de siglo, 25 años sin oírle, porque el txistu que tocaba era como una continuación, formaba parte de sí mismo, el día que perdimos a Mauricio Elizalde, uno de los más grandes txistularis que el Valle de Baztan haya conocido jamás y la imagen inseparable de tantos y tantos acontecimientos. Auténtico txistulari, de “los de pueblo”, el prototipo por más de siete décadas del músico rural, ajeno a las academias, de herencia familiar desde que con apenas nueve años hiciera su primera aparición en público junto a su padre, Antonio Elizalde, otro txistulari de leyenda.

Había nacido en 1915, en Lizundegikoborda de Amaiur, aunque pronto la familia marchó a Arizkun, a residir en Martintonekoborda, camino de Aintzialde arriba, donde formó familia con Silvestra y vivió hasta el fin de sus días. Fue animador en las fiestas patronales, también durante décadas en compañía de su atabalari insustituible, su amigo y como hermano el arizkundarra Félix Iriarte, otro personaje inolvidable, en la práctica totalidad de los pueblos de Baztan (a todos no podían llegar porque en un tiempo varios pueblos celebraban sus fiestas en las mismas fechas), más de 350 bodas, innumerables comuniones, bautizos y misacantanos, muchos años en el carnaval de Lantz, hasta ser reconocido y estimado en todos los rincones de Euskal Herria.

Fue profesor de txistu en Elizondo por la escandalosa (por misérrima) cantidad de 12.000 pesetas al año que, Ana Mari Marín consiguió gracias a Miguel Javier Urmeneta, en su puesto de diputado foral, mejorara la Institución Príncipe de Viana con otras 24.000, cantidad más digna y justificada. Bajaba (y volvía) a impartir clase desde su caserío a pie, más de 25 kilómetros, hasta que un amigo recientemente desaparecido, Joaquín Zubikoa, consideró que eso no podía ser y decidió traerle y llevarle a cambio de la satisfacción de una buena obra personal y el seguro agradecimiento de Mauricio.

En vísperas de los Santiagos de Elizondo, con Mariano Izeta, euskaltzale y otro baztandarra de honor, acudía noche tras noche al Trinquete Antxitonea a enseñar Mutildantza a los jóvenes, marcando los pasos a golpe de suela de zapato, igual que haría luego en Almandoz a iniciativa de Miguel Mari Iñarrea y otros, por el pago de las generosas tortillas y chistorra de Alicia Bidegain, hasta regresar de largo la medianoche a su casa, donde nos obsequiaba con un café y una copa de coñaca, y nosotros tan felices de escuchar sus cuitas. Reconocido con la Urrezko Domiña(la medalla de oro) de los txistularis vascos, el cariño y recuerdo imperecedero de los baztandarras, su retrato y el de Félix entraron por derecho propio en la Casa Consistorial de Baztan, y los dos tienen plaza en Elizondo. A su muerte, se habló de un testimonio en Arizkun, pero (suele ocurrir) fuese y no hubo nada. Queda su recuerdo. - L.M.S.