producción, experimentación e investigación

10 años de derivas para fijar el rumbo

El 20 de abril de 2007 se inauguró oficialmente el Centro Huarte. Un polémico proyecto con muchas idas y venidas que hoy se reorienta bajo una nueva dirección, la tercera en estos diez años.

Un reportaje de Paula Etxeberria - Lunes, 17 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:07h

El renacer del Centro Huarte en esta nueva etapa se orienta a la producción artística.

El renacer del Centro Huarte en esta nueva etapa se orienta a la producción artística. (Javier Bergasa)

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El renacer del Centro Huarte en esta nueva etapa se orienta a la producción artística.

Comenzó su andadura en una atmósfera por un lado ilusionante, porque hacía realidad una de las viejas aspiraciones del sector cultural en Navarra, contar con un centro de arte contemporáneo;pero, por otro lado, teñida de escepticismo y polémica, porque era un proyecto demasiado ambicioso para la economía del pueblo que lo sustentaba, y también por su ubicación, fuera del centro de Pamplona, lo que generaba dudas sobre sus posibilidades de conexión con el público. El Centro de Arte Contemporáneo Huarte ha vivido una historia de derivas sin rumbo estable, y, diez años después de su inauguración oficial, afronta hoy una nueva etapa orientada en especial a la producción, experimentación e investigación artísticas.

Este jueves 20 de abril se cumple el décimo aniversario de la inauguración oficial de esta gran infraestructura dedicada al arte contemporáneo. Fue un concurrido evento institucional que reunió a numerosas personalidades. El entonces presidente del Gobierno de Navarra, Miguel Sanz, y la entonces alcaldesa del Ayuntamiento de Huarte, Amparo Miqueleiz (Grupo Independiente de Huarte), presidieron los actos de una inauguración vacía de contenido artístico, porque el Centro Huarte se presentaba en sociedad sin contenido ni programación. Fue una puesta de largo institucional para celebrar, tras dos años y medio de gestación, la conclusión de un proyecto materializado en un inmueble de más de 6.500 m2 de superficie total, con 2.300 para salas de exposiciones. De la mano de Enrique Ordóñez, director del centro como presidente de la Fundación Ordóñez Falcón, adjudicataria de la gestión, se daba a conocer al público la nueva dotación cultural de Navarra;pero habría que esperar unos meses, hasta octubre de aquel 2007, para que el centro abriese sus puertas al público con una programación ya estable.

Si bien el proyecto se gestó en Huarte, cuyo Ayuntamiento destinó de salida 1,2 millones de euros a la programación, como recalcó entonces Amparo Miqueleiz, el Centro Huarte se creó como “un proyecto pensado para todos los ciudadanos de Navarra”. Y de ahí la implicación del Gobierno foral, que se sumó a esta propuesta al final de su proceso de gestación, con el trabajo ya casi finalizado, aportando 1 millón de euros para finalizar el edificio;la implicación del Ejecutivo se materializó asimismo con el ingreso de tres miembros de su área en el patronato de la fundación que regía el centro en sus comienzos.

Bajo la dirección de Enrique Ordóñez, el espacio de Huarte se concibió como un proyecto “polivalente y transversal, vivo e internacional”, que combinaría exposiciones y actividades. El nivel de calidad de la programación fue una prioridad en esa primera etapa. “Por conseguir más visitantes no vamos a bajar el nivel de calidad”, dijo de hecho Ordóñez recién inaugurado el Centro Huarte. En su primer fin de semana de apertura al público, 3.100 visitantes atraídos por la curiosidad, la expectación y el interés que generó la nueva infraestructura se acercaron a conocer el espacio y su primera programación de arte contemporáneo. Pero pasada la novedad de la apertura, la realidad se impuso: el público navarro no estaba lo suficientemente conectado al arte contemporáneo, y la afluencia de visitantes al gran espacio de Huarte se estancó en un movimiento muy escaso.

Mientras se hablaba ya de un posible traspaso de la gestión del Ayuntamiento de Huarte a manos el Gobierno de Navarra, a finales de febrero de 2008 el Centro Huarte se redefinió como “servicio público”, eliminando su entrada de 4 euros, y como espacio dedicado a “educar en el arte”, con la idea de “llegar a nuevos públicos”, tal y como afirmó en ese momento Enrique Ordóñez.

Bajo su dirección, se pudo disfrutar en el cubo de Mokarte de atractivas propuestas expositivas de artistas emergentes, tanto internacionales como locales;de interesantes proyectos interdisciplinares, y actividades diversas que pusieron en relación el arte y la educación. Creadores como Christian Marclay, Gal Weinstein o JH Engström, que protagonizaron la programación inaugural del espacio junto a las artistas navarras Maite Vélaz y Nerea de Diego, habitaron con sus obras el Centro Huarte en sus primeros pasos, así como Carles Guerra, Keren Cytter, Hugo Canoilas, Roberto Aguirrezabala, Kyungwoo Chun, Kader Attia, el artista huartearra Harri Larunbe, o los también navarros Miguel Pueyo, Asun Requena y Verónica Eguaras.


‘Impasse’

Un acuerdo que nunca llegaba...

A comienzos de febrero de 2009, el Centro de Arte Contemporáneo Huarte paralizó su actividad al no alcanzarse acuerdo alguno entre Gobierno de Navarra y Ayuntamiento de Huarte en torno a su gestión y financiación. La incertidumbre sobre su futuro impedía al espacio diseñar la nueva programación, así que permaneció un tiempo inactivo.

En la primera mitad de 2009, Enrique Ordóñez abandonó la dirección del espacio, dada la imposibilidad del Ayuntamiento de Huarte de mantener el presupuesto al que se comprometió cuando se inauguró el centro. Pero el traspaso de la gestión a manos del Ejecutivo foral se fue dilatando en el tiempo, al no llegar ambas partes a acuerdo. Hasta que finalmente, a mediados de diciembre de ese año 2009, el Gobierno asumió la gestión del centro de arte, una noticia muy esperada que llegó después de una ronda de conversaciones que se antojaba interminable y de meses en que los trámites, grandes o pequeños, dilataron la cuestión. Todas estas idas y venidas dañaron la imagen del centro, que apenas tuvo actividad expositiva durante ese tiempo de impasse. Además, el salvavidas que supuso la entrada del Gobierno de Navarra como gestor del espacio era más bien una pequeña tabla abocada al naufragio, de nuevo a la deriva, ya que de cara a 2010 el Centro Huarte no iba a contar con un presupuesto competitivo (500.000 euros).

A eso se sumó que el Ejecutivo de UPN tampoco definió, tras tomar las riendas, la filosofía del centro. De he-cho, se constituyó el nuevo patronato sin tener claro qué se quería hacer con semejante infraestructura ni có-mo. De nuevo la incertidumbre envolvía al proyecto, imposibilitando aún más su conexión con el público, cada vez más distanciado de este proyecto del que solo percibía la polémica.

Los años de Manzanos

Sobreviviendo con un presupuesto insuficiente

Javier Manzanos, el segundo director de los tres que ha tenido hasta ahora el Centro Huarte, entró en el cargo también envuelto en la polémica. El 29 de marzo de 2011 fue elegido de entre 25 candidatos que optaban al puesto por mayoría del patronato, del que él mismo hasta hacía poco había formado parte -hasta que presentó su dimisión voluntaria antes de iniciarse el concurso público para la contratación de director-. Su vinculación a dicho patronato y el papel central que tuvo Manzanos en la redacción del documento de las líneas de acción y filosofía del Centro Huarte ponían en entredicho su candidatura. Pero el Gobierno de UPN optó por mantenerle en el cargo, que Javier Manzanos asumió un tanto “disgustado” por la polémica pero a la vez “tranquilo” y con un reto: hacer del Centro Huarte un “agitador de la educación y la cultura”. Bajo su dirección, si bien se hizo un buen trabajo en el ámbito educativo para crear nuevos públicos y acercar a los ciudadanos de cualquier edad -en especial a escolares- al arte desde la pedagogía, no se consiguió definir con coherencia y solidez la filosofía del Centro Huarte. Un gran obstáculo fue la dejadez institucional, el presupuesto insuficiente -que UPN fue recortando aún más en “años de crisis”-;pero la economía no lo es todo, y quizá faltó un criterio firme y constante de programación.

En los años de Manzanos, el Centro Huarte se definió como “un espacio de recursos, servicios y actividades culturales destinado a favorecer la formación, la experimentación, la investigación, la creación, la producción y la difusión del arte actual”. Quizá se quiso abarcar tanto, y con tan poco presupuesto, que no terminó de funcionar. Aun así, fue positiva la apertura del Centro Huarte en aquel tiempo, entre 2012 y 2015, a otras disciplinas artísticas, como la danza, y el hecho de que se potenciase el arte local. Actividades pedagógicas, cursos de formación y diversos proyectos expositivos, la mayoría de ellos derivados de programas artísticos propios del Gobierno de Navarra, tuvieron su hueco, al tiempo que la vocación internacional con la que nació el centro bajo la dirección de Enrique Ordóñez se fue diluyendo.

Con la paradoja en la puerta de al lado -la constante afluencia de gente al bar-restaurante Ábaco, que en el tiempo que estuvo activo anexo al centro de arte se convirtió en una referencia de la gastronomía navarra de lo más solicitada-, el Centro Huarte lleva el peso de no haberse ganado su público. Al final, ha sido la materialización de un mal de este tiempo: el boom museístico, paralelo al boom del ladrillo. El ejemplo de la incoherencia: se construyó un gran continente, llamativo, imponente -y muy costoso, una inversión de 8,2 millones que lastró al pueblo de Huarte comprometiendo la viabilidad de su ayuntamiento-, y después llegó la pregunta: ¿y ahora con qué lo llenamos...?

Se intentó, y en ello se continúa hoy.


La etapa femenina

Un centro de producción

La nueva dirección, al cargo de un colectivo femenino conocedor de primera mano de la realidad artística en esta comunidad y fuera de ella, parece que si algo tiene es las cosas claras. Apuesta por un centro de producción artística, volcado en especial en la investigación y la experimentación, sin dejar de lado la exhibición, aunque ésta centrada más en los procesos que en obras concluidas. Juventud, ilusión, buen criterio y trabajo, mucho trabajo, se perciben en estas nuevas manos, que ya están acostumbradas a la filosofía colaborativa -ellas mismas se consideran una red-, algo que quieren extender en su relación con otros centros locales, estatales e internacionales. De momento, las nuevas directoras han visto incrementado el presupuesto para el Centro Huarte que dejó mermado UPN. Un refuerzo del Gobierno del cambio, que sigue apostando por este proyecto, en el que la mediación con públicos diversos va a ser clave.

El reto de conectar a los ciudadanos navarros con este gran cubo para que lo sientan como un espacio útil, interesante y familiar, sigue pendiente.