Asesinar el Camino

Ilia Galán - Lunes, 17 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:06h

Condenaron antes del Jueves Santo a un hombre por robar y asesinar a una peregrina norteamericana que hacía el Camino de Santiago. La indemnización que ha de pagar y la devolución de lo sustraído a su familia no logrará que la joven vuelva a la vida. Este camino de estrellas que lleva a Santiago, y desde allí al universo divino, recibió con este crimen una puñalada en el cuello.

No es nuevo. En otras épocas fue común sufrir asaltos de bandoleros por el Camino y los peregrinos iban en grupo o llevaban protección, como en Tierra Santa, de fuerzas armadas y templarios caballeros. Sufren la religión, la humanidad y la economía de estas tierras que sostienen tan mágico caminar entre símbolos de otros tiempos y puertas que abren a lo eterno. Sin embargo, estas fechas nos traen la imagen de Barrabás, a quien se indultó en vez de a Jesucristo. En este injusto mundo el mal inunda a veces las mentes ocultándonos la luz. En nuestra sociedad también vemos a facinerosos dirigiéndonos, políticos que se venden como rameras, que roban o abusan de su poder, cuando no cometen crímenes, envueltos con el disfraz de la ley, ocultos bajo falsas condenas o indecentes e innecesarias guerras.

No era mejor la época de Jesucristo. La barbarie romana era la gran civilización: a todos se imponía con sangre e inmenso dolor. Por la ley se llevó a torturar y matar al inocente, pues los aparatos legales, como las costumbres sociales, a menudo tapan injusticias terribles. Sin leyes tal vez sería peor y crecerían los males de los fuertes aplastando a los débiles, de quienes menos escrúpulos tienen abusando sobre los demás.

Y, sin embargo, el perdón a todos, aunque algunos hayan de estar separados de la sociedad para no seguir dañándola. Pero la imagen de la resurrección es de esperanza total. Al final, los cristianos creemos que habrá otra dimensión donde este lío se resuelva, volviendo a vivir de otra manera, en eterna felicidad para quien el bien busca. Todos morimos en muchos aspectos, pero podemos resucitar en lo esencial. La renovación está en nuestras manos, como primavera que surgiera de nuestro interior, al menos en la voluntad que quiere ser mejor, intentando cambiar lo que de nuestra conciencia quedó muerto, tal vez podrido. Esperemos. Que al fin de los tiempos esa joven encuentre de nuevo a sus seres queridos es hermosa imagen. Sin esperanza no podemos crecer. La esperanza lleva a renacer.