A pie de obra

El desarme

Por Paco Roda - Lunes, 17 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:06h

ante el miedo a morir Woody Allen dijo una vez: “solo espero no estar allí cuando suceda”. Eso le ocurrió a ETA cuando se desarmó oficialmente el 8 de abril. Porque su desarme real había tenido lugar mucho antes. Fue el desarme ideológico. Al que ETA llegó presionada por dos frentes, el de una izquierda abertzale que había llegado a la conclusión de que la estrategia armada no solo no servía, sino que mermaba, cada vez más, su nivel de representatividad y aceptación social;y el de la sociedad civil, que sentía que ya no había lugar para tanta sangre. Ese fue desarme auténtico. Porque no ser creíble es demoledor. Porque te desactiva como interlocutor social. Esto ocurrió cuando la dirección de Batasuna se enfrentó a las decisiones que se tomaron en una asamblea de ETA, quien había decidido en 2008 seguir tirando de gatillo. Y la izquierda abertzale, a la que hay que reconocer ese gesto, sabía que ese era el momento de tensar la historia a su favor. Luego llegó el alto el fuego definitivo en octubre de 2011. Pero para entonces, ETA ya había emprendido un camino sin retorno.

Servidor interpreta este gesto más que una operación de ETA, que también, una recolocación de la izquierda abertzale. Porque recupera un espacio simbólico de influencia y rescata escenarios de incisión mediática y de discurso. Porque tras este paso, los presos quedan en sus manos, en su capacidad de negociación con un gobierno que incumple reiteradamente la legislación humanitaria e internacional. Y este problema seguirá siendo una línea roja del PP. Porque de ello come caliente cada día.

Y no. A mí no me pareció un día histórico. El día histórico fue cuando ETA activó el micrófono situado en la conciencia. Otra cosa es que ese día se abriera una puerta que chirriaba. Porque penetró como una sonda en el cuerpo podrido de muchos políticos.