una tradición de cuatro siglos

Ariadne Asín, el ángel de la tranquilidad

La plaza de Los Fueros de Tudela se llenó para contemplar la Bajada del Ángel. Una niña de 8 años fue la protagonista de una tradición de cuatro siglos que pone fin a la Semana Santa.

Un reportaje y fotografías de Fermín Pérez-Nievas - Lunes, 17 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:07h

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Ariadne Asín, momentos antes de retirar el velo a la Virgen.

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Ariadne Asín, momentos antes de retirar el velo a la Virgen.ReproducirLos ángeles de otros años posaron juntos antes de la ceremonia, Ariadne está de pie en el centro, y la suplente Ariadna, sentada en la alfombra.Últimos retoques con el peinado para que el pelo no se le enganche con la corona.Goyo le coloca el arnés ante la atenta mirada de los padres de Ariadne.Elia Jacue, madre de Ariadne, observa la ceremonia desde la calle.
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Oficio, templanza y tranquilidad. Son los valores a los que Ariadne Asín, con apenas ocho años de edad, se encomendó para que la Bajada del Ángel 2017 fuera un recuerdo imborrable de su mente. Cuando las lágrimas le brotaron apenas cinco minutos antes de cruzar el cielo de la plaza de Los Fueros, cundieron los nervios entre quienes le rodeaban.

Pero Goyo, que ha calmado a cerca de una docena de ángeles antes que ella, supo tranquilizarla con la ayuda de su pequeño de año y medio David, que volvió a arrancar la sonrisa de Ariadne. Pese a todo, ella supo recomponerse porque, como Miguel Ángel Vallejo y Ana María Arregui le habían instruido, la ceremonia son unos pocos pasos que hay que seguir y memorizar a rajatabla para hacer frente al vértigo de la altura y protagonizar una ceremonia que tiene a sus espaldas casi cuatro siglos. El peso de las cámaras, de los flashes, de los “sonríe Ariadne”, “saluda Ariadne”, “suerte Ariadne” se hace grande para una pequeña de ocho años por muchas alas que porte.

Con cinco minutos sobre el horario habitual (e incluso 10 con respecto a otros años) las puertas del cielo se abrieron para Ariadne Asín, que colgada de la nube supo enjugar las lágrimas y saludar nada más ver los más de 2.000 ojos que le esperaban. Su saludo era la evidencia de una niña que iba a disfrutar de lo que estaba haciendo y dejaba la tensión en la Casa del Reloj junto a todas las voces que le habían atronado a su llegada. Braceando y soltando aleluyas llegó hasta el lugar donde habían detenido la imagen de la Virgen para que retirara el luto, pero situada más cerca que otros años se chocó con la corona. Tras resituarse se pudo oír el tradicional “¡alégrate María porque tu hijo ha resucitado!” (entre los prematuros aplausos del público) y seguidos los avisos de su madre, Elia Jacue, “¡lleva tres, lleva tres!”, refiriéndose a las horquillas que sujetaban el velo a la corona de la Virgen. Cumplido el paso de quitarlas (más allá de varias indicaciones a los porteadores de si debían subir o bajar la imagen), retirar el velo se le resistió y tuvo que hacer hasta cuatro intentos para adecuárselo sobre el ala izquierda ya que le pegaba con la nube a la que estaba enganchada mediante el arnés.

Pese a todo, no se puso nerviosa, no lloró ni se apuró, tiró de oficio, templanza, tranquilidad y puso en práctica las enseñanzas recibidas para intentarlo una y otra vez hasta que acertó. Después volvió de nuevo braceando hasta el templete que simboliza el cielo y antes de que se cerrara volvió a saludar con la mano, consciente de que ese momento único para el que se había preparado durante casi dos años había llegado a su fin.

el vestidoUna hora antes de este momento, la casa de Vallejo y Arregui se llenó de antiguos ángeles (hasta 17 se dieron cita), familiares y fotógrafos para retratar la ceremonia de vestir al Ángel. Una a uno fueron colocando todos con cuidado los elementos para que cuando colgara de la maroma no le molestaran. De cerca, su amigo, Santiago Lasheras (de la que fue suplente en 2016) seguía los pasos junto a ella para darle tranquilidad. Sus padres, Elia y Jaime no le quitaban la mirada con una expresión a medio camino entre orgullo y nervios. Una tira del corsé que aprieta demasiado, una corona que molesta, unos zapatos incómodos, “si te duele cualquier cosa dímelo a mí que te lo ajustaré y arreglaré”, le decía en confidencia Goyo Terrén. Él se convierte en su apoyo y guía hasta que la cuelgan y trata de alejarla de toda la expectación que rodea al niño o niña que hace de Ángel en Tudela el Domingo de Resurrección. Las lágrimas, pese a todo brotaron, pero la ceremonia, un año más, fue impecable y Ariadne tiró de oficio para retirar el luto y cumplir con la tradición.

en corto

En el espejo. Un momento inolvidable para todos los que lo presenciaron fue el de la cara de Ariadne cuando vio su reflejo, vestido de Ángel, en el espejo. Sus ojos se llenaron de brillo de emoción y satisfacción mientras miraba a su madre como si no se lo creyera. Era la primera vez que se veía con todo el atuendo y preparada para salir.

Suplente. La pequeña Ariadna Murillo Vicente de Vera no perdió ojo de todo lo que estaba pasando. No en vano, ella será la protagonista de la ceremonia de 2018.

Autoridades. Entre los balcones de la Casa del Reloj se pudo contemplar la presencia del vicepresidente del Gobierno de Navarra Manu Ayerdi. La procesión la presidió finalmente José Ángel Andrés (PSN).