Súper e infrahombres

Ilia Galán - Miércoles, 19 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:06h

Vuelve, cada vez con más fuerza, la idea de que un superhombre es posible, precisamente cuando todavía humean los restos en la memoria de los exterminados por los nazis, miserables que pretendieron creerse superhombres, por encima de los demás, con especiales derechos, ajenos a la moral;seguidores de Nietzsche, el resentido. No es la primera vez ni será la última, probablemente. En Nueva York, un célebre filósofo y científico propone reducir la talla de los humanos para que gastemos menos energía -más espacio para todos- por medio de la ingeniería genética. También podríamos implantarnos visión nocturna -como los gatos- y otras propiedades que ahora sólo parecen quiméricas;los transhumanistas de Oxford también buscan fundir al ser humano con tecnologías e implantes informáticos, para estar conectados y saber qué dosis suministrarnos de estimulantes o alimentos, para criogenizarse si llega el fallecimiento, esperando despertar de nuevo en un futuro más evolucionado. Con implantes químicos o físicos pretenden ser más veloces, más inteligentes que los demás, y así exigen más derechos, pues no es lo mismo que vote un simple inculto, que no sabe lo que quiere o pide, a que lo haga un genio, que sabe más que cien comunes mortales y dispone de muchas más habilidades. Antaño eran los fuertes quienes exigían más servicio a quienes les rodeaban, la aristocracia se rodeó de sirvientes creyéndose los mejores;ahora son los ricos quienes doblegan a todos. En Semana Santa, sin embargo, se recuerda a un humano divino que sigue, voluntariamente, la más humilde de las opciones, sirviendo a todos, nacido para servir más que para ser servido. Sacrificado por los demás, en vez de exigir sacrificios para su comodidad. Oprimido, no opresor;liberador tierno y comprensivo. El modelo del hombre sencillo y bueno supera al genio, pues puede acabar mutándose, por la soberbia, como el ángel más poderoso, en Satán, en el más infame de los seres, para habitar el inframundo, por ser inmundo. Si alguien es superior en algo a los demás, sea para ponerlo al servicio de la humanidad, no para despreciar a quienes le ayudaron a subir tan alto. La historia del Mesías que nos muestran las procesiones del Cristianismo año tras año renuevan la memoria de lo que somos. Polvo y a veces, sólo a veces, como descubrió Quevedo: “polvo enamorado.” Patético, sin embargo, es el polvo soberbio, pues también en el tiempo queda aniquilado.