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la avaricia rompe el saco

Una extorsión de 39.000 €

El clan de rumanos que chantajeó al expárroco de tajonar le dijo que el dinero era para comprarse una casa

Un reportaje de J. Morales - Jueves, 20 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:06h

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Imagen de la parroquia de Tajonar.

Imagen de la parroquia de Tajonar. (Iban Aguinaga)

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la avaricia rompe el saco. El clan de rumanos acusado de extorsionar al expárroco de Tajonar protagonizó un chantaje que fue in crescendo y que llegó a proporcionarles hasta 39.000 euros bajo la amenaza de difundir una fotografía que uno de los integrantes de la organización, menor de edad en aquel tiempo, tomó al cura en situación comprometedora y provocada por la fuerza. Aseguraron al sacerdote que el dinero era para comprarse una casa en Rumanía, que desaparecerían, pero no cejaron en sus exigencias hasta que el propio cura decidió poner los hechos en conocimiento del Arzobispado.

Los acusados Daniela B., Iliarie Florin T. y Florin B., junto a Loran L., todos ellos de nacionalidad rumana y familiares entre sí, y para quienes la Fiscalía solicita 6 años de cárcel, diseñaron a principios de 2016 un plan para chantajear al párroco de Tajonar, a quien se acercó el entonces menor de edad Enmanuel T., hermano de Daniela e Ilarie, para solicitarle ayuda, dinero o trabajo. El chico, nacido el 23 de marzo de 1998, acudió al domicilio del sacerdote el 19 de enero de 2016, día en el que tras serle negada la ayuda, ofreció al cura servicios sexuales, señala el escrito de calificación del Ministerio Fiscal, que añade que “de forma imperativa hizo que el sacerdote se arrodillase” a la vez que el propio menor se bajaba los pantalones y acercaba su pene a la boca del párroco para sacar una foto.

Instantes después, y conforme al plan ya acordado con el resto de familiares acusados, el menor le exigió la entrega de dinero a cambio de no denunciarle por abuso sexual, no difundir la imagen al publico o enviarla al Arzobispado, de modo que consiguió la cantidad de 50 euros y quedaron en que obtendría más dinero más adelante

llamadas amenazantes Al día siguiente y tras recibir numerosas llamadas del menor, así como de los demás acusados en las que se le exigía el pago de 3.000 euros para no publicar la foto y no enseñársela al arzobispo, el denunciante quedó en la Estación de Autobuses de Pamplona con el joven, quien le presionó de nuevo y consiguió que le entregase los 3.000 euros exigidos que se repartieron entre todos los acusados.

No contento con esto y con la finalidad de seguir obteniendo más dinero mediante esta forma de presión, el menor solicitó “la cantidad de 30.000 euros para comprarse una casa en Rumanía”, diciéndole que si se los daba desaparecería de su vida y nunca más volvería a saber nada de él. Aunque el párroco contestó que no tenía esa cantidad de dinero, los acusados le amenazaron telefónicamente por lo que consiguieron que el cura volviese a quedar con ellos en la Estación de Autobuses para entregarles 22.000 euros. Como faltaban 8.000 euros, el párroco siguió recibiendo llamadas de los miembros de la organización por lo que tres días después les hizo entrega del dinero restante, momento en el que el menor le dio un papel con los pagos realizados y quedaron de esta forma de acuerdo en que no volverían a pedir más dinero.

Sin embargo, unos días más tarde se presentó en casa del sacerdote un hombre que dijo ser hermano del menor y que le exigió nuevamente la entrega de 6.000 euros, un pago que el cura hizo efectivo “por la presión sufrida”. El 29 de enero, al darse cuenta de que las peticiones de dinero no cesaban, el párroco de Tajonar puso los hechos en conocimiento del Arzobispado.

No obstante días después, y con la finalidad de seguir consiguiendo más dinero al no poder contactar por teléfono, una persona del grupo que se identificó como la madre del menor, acompañada de dos personas más, familiares miembros del grupo de acusados, se personó en su domicilio para exigirle más dinero a cambio de no denunciarlo. Repitieron los intentos en un bar de Mutilva y también la parroquia en los días posteriores.

Como consecuencia de estos hechos, destaca el escrito de calificación provisional, y debido a la presión sufrida “tanto a través del teléfono como presencialmente y el nivel de agresividad verbal” del que fue objeto, el sacerdote sufrió “ansiedad y temor”, por lo que llegó a cambiar de teléfono y sus costumbres diarias.

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