Música

Una celestial envoltura

Por Teobaldos - Viernes, 21 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:09h

concierto del coro calicantus

Calicantus: coro de niños de Suiza. Piano: Simona Crociani. Violonchelo: Rémi Fontana. Dirección: Mario Fontana. Programa: obras de Palestrina, Leonarda, J.S. Bach, MacIntyre, Lvovski, Lange, Antognini, Tormis, Britten, Smiley, Satyan, Toshiyuki, Crosby. Programación: Federación de Coros de Navarra. Lugar: Iglesia Capuchinos de Carlos III. Fecha: 18 de abril de 2017. Público: lleno, con gente de pie (gratis). Incidencias: colaboración de este periódico.

El nivel de los muchos coros de niños que solemos escuchar es alto. Tanto los venidos de fuera como los de casa. Han cambiado un poco el timbre con la incorporación de niñas, pero su colorido sigue siendo predominantemente luminoso, y, desde luego, no han perdido robustez en los graves;todo lo contrario, una de las principales características del coro de hoy -compuesto por más chicas que chicos- fue la sonoridad de los graves. El coro Calicantus es una formación, por supuesto, disciplinada -vienen de Suiza-, pero, además, con un aporte de calidad y novedad muy interesante -es la Suiza Italiana-. Su director y preparador, Mario Fontana, ha logrado un instrumento sonoro que perfila muy bien los matices en piano;que consigue un empaste sublime, cantan a un metro unos de los otros;que se instala en una afinación sin vacilaciones;y que se mueve, en una estética de elevación, por ese minimalismo místico post-impresionista que caracteriza mucha de la música coral de los compositores de finales del siglo XX y XXI.

El programa que ofrecieron -17 obras de memoria- fue excepcional en las doce primeras. Las últimas, con coreografías escolares y pedagógicas, más desenfadas y realizadas con perfecta sintonía, son más del acerbo de casi todos los coros. Entretenidas, teatralizadas, y que muestran la ardua labor de ensayos.

Fontana elige un repertorio que potencia las virtudes de su coro, que, a su vez, se adecuan a la reverberante acústica de la iglesia;o sea, obras polifónicas más bien tenidas de tempo, de resplandor espiritual en las religiosas, y trabajando muy bien la transición del piano al fuerte -siempre moderado- con la naturalidad de la incorporación de las voces. Comienzan con un Palestrina logradísimo en afinación y lenta evolución sonora, con las voces de sopranos muy bien cimentadas por los contraltos. Son muy jóvenes, pero transmiten -la música lo transmite- profundidad. Sigue una compositora, Isabella Leonarda, con otra Ave Regina menos grave, para continuar con dos números del Magníficat de Bach -Suscepit, Sicut-, de los más reposados. Un coro se mide con los grandes clásicos. A partir de aquí, novedosos descubrimientos sonoros contemporáneos: MacIntay, muy etéreo, algo efectista y con agudos comprometidos bien salvados. Lvovski, la cumbre de la tarde, con el coro distribuido en la nave que logra una envoltura sonora celestial, con un empaste, a pesar de la distancia, que crea una atmósfera única y flotante. Preciosa la obra con fondo de tradición rusa. Y, así, hasta lucir solistas y coro reducido con acompañamiento de boca cerrada, o de violonchelo;una obra en castellano, y una excelsa partitura acompañada de armónica de cristal -o sea unas copas llenas de agua- que ellos mismos resbalan. También me quedo con un Britten austero, estereofónico y muy bien acompañado al piano. Y bellas melodías japonesas y baladas;rítmicas palmas de negro espiritual… y de propina los Beatles. Un éxito.