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Museo Carlista: ‘Propiedad de la historia’

Por Evaristo Olcina - Viernes, 21 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:08h

Al final de lo que se llamaba Bachillerato visité por primera vez Roma, y a uno de los sitios que nos llevaron fue a ver el denominado Foro Itálico, construido para albergar los juegos olímpicos que a causa de la guerra mundial no se pudieron celebrar. Se trata de un magnifico espacio arquitectónico con añorantes reminiscencias del Imperio Romano y que hoy en día sigue perfectamente conservado, manteniendo incluso un obelisco de 17,5 metros de altura en mármol blanco y en el que, ocupando toda su extensión, de arriba abajo aparece una inscripción que dice Mussolini y en otro plano de su base Dux acompañado de unas fasces, clamoroso signo fascista. Tan escandaloso alarde político de un partido tan combatido y despreciado no se derribó al concluir la guerra, ni se ha borrado su leyenda, ni se ha descuidado su conservación para lograr su total deterioro. Ha habido, efectivamente, alguna petición de, al menos, quitar o sustituir la estentórea leyenda, pero todo sigue igual, y es más hasta en una pancarta de las anónimamente depositadas a su pie se contenía esta definitiva declaración: Proprietà della Storia, que explicaba y justificaba el respeto hacia aquel monumento por parte del culto e inteligente pueblo italiano.

El Foro Itálico, al igual que otras construcciones de igual tiempo, constituye hoy en día un patrimonio a salvaguardar y conservar. Hacerlo es una muestra de civilización. Un muy distinto proceder al de los aliados en la Segunda Guerra Mundial que bombardearían el Ponte Vecchio de Florencia, o la catedral de San Esteban y el teatro de la Opera, ambos en Viena, entre otras innumerables barbaridades cometidas hasta con las ruinas de Pompeya. Un pueblo, el italiano, que pese a tener en su reciente historia un partido comunista que, alternativamente con el francés, ha sido el más importante de la Europa Occidental, contar con Malatesta como ideólogo señero del anarquismo más concienciado, o a los carbonarios masónicos, muñidores de nada menos que la Unitá italiana, no han destruido, saqueado o incendiado iglesias o monasterios religiosos; compárese tal proceder con la experiencia en nuestros territorios peninsulares desde la desamortización en adelante.

Tal vez algunos podrán decir que se trata de una rara muestra -¿excéntrica?- de la mentalidad latina. Pero no es tan excepcional.

Vayamos más al Este. Cualquier turista que acuda a Moscú podrá comprobar que en la oferta de monumentos a visitar en la capital rusa está la del mausoleo de Lenin, donde se conserva, pese a su desmedido gasto de conservación, la momia de Lenin. ¿Excepción explicable en base a la explotación turística del morbo necrófilo-anecdótico?, en absoluto. Véase cómo pese a ser una república la bandera de Rusia ha vuelto a ser la zarista con San Jorge en su centro, y que, pese a ser (es fácil de comprobar) un sistema supercapitalista, esa bandera zarista y su subsiguiente parafernalia comparten honores con la roja de la hoz y el martillo hasta en los desfiles del ejército, pero es que tampoco han destruido, o simplemente tapado, los mosaicos enaltecedores de la revolución comunista que adornan el megalómano metro stalinista de Moscú. Todo, en fin, una ejemplar muestra de civilización y respeto a la historia, sin matices ni bárbaras banderías.

Compárese lo antes expuesto con la muestra de salvajismo solo comparable a la desplegada por el Daesh con los museos y la ciudad de Palmira, propuesta en este mismo medio por un miembro de un ateneo obsesivamente anticarlista y ajeno a la verdad histórica.

En diversos artículos y escritos de opinión -¡hasta más de veinte!- en varios medios tanto de Navarra como de Euskadi, entre ellos NOTICIAS DE NAVARRA, se ha hecho pública una controversia inútil, y no solo por las tergiversaciones expuestas por los miembros del aludido ateneo, sino por hacer alarde de una ignorancia pretendidamente disimulada con mendaz tozudez. Pienso que todo queda reducido a esta alternativa: a que en Navarra se respete la Historia en su integridad, con sus luces y sus sombras, o a que, por el contrario, se retrotraigan sus responsables a la barbarie iconoclasta, ininterrumpidamente desarrollada a partir de los administradores-saqueadores de la desamortización liberal. En definitiva: a civilización o barbarie.

Considero, en fin, incomprensible además de preocupante y hasta vergonzoso para la sociedad navarra del siglo XXI, la reiterada propuesta de los miembros del ya mencionado ateneo respecto a que “quien quiera un museo que se lo pague”, un museo como el del Carlismo de Estella-Lizarra, que trata nada menos que de la historia bélica y de la urdimbre política de un partido sujeto activo en buena parte de sus 184 años de existencia de propuestas y rebeliones armadas protagonizadas por un sector importante de la población, y no solo navarra sino de todo el Estado.

Obténganse conclusiones y, por los responsables culturales navarros, actúese en consecuencia, y si se renuncia a la permanencia de ese museo creado por la unánime decisión del Parlamento de Navarra -no se olvide que existe un documento suscrito entre el Gobierno de Navarra y el Partido Carlista que obliga a su creación, mantenimiento y conservación, que si no se cumple en todos sus términos los fondos cedidos, no donados, volverían a su legitimo propietario-, si se denuncia el acuerdo, insisto, nunca habría problema en alcanzar otro nuevo, bien con Euskadi o con Catalunya, que de ambas es muy importante la historia a la que se refiere tan excepcional espacio expositivo y centro de investigación científica.

En cuanto al monumento de la Cruzada, me atengo de forma especial a los ejemplos europeos expuestos al inicio de este escrito. En cualquier caso, los carlistas no participamos ni en su proyecto ni en su construcción y, además, siempre nos ha resultado vergonzoso que en sus bóvedas aparezcan carlistas compartiendo cruzada -según el calificativo franquista de aquel criminal episodio de nuestra común historia- junto con milicianos de un partido fascista.

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