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Carlos Slepoy ‘In memoriam’

Por Joseba Asiron - Viernes, 21 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:08h

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Conocí a Carlos Slepoy en la Casa Consistorial de Pamplona, una mañana del mes de junio de 2015, y a una semana escasa de haber tomado posesión de la alcaldía de Iruñea. A decir verdad, fue una de las primeras recepciones que hicimos tras tomar la vara de mando, cuando aún no le habíamos tomado el pulso al cargo, sin que hubiéramos desembalado nuestras cosas, cuando no sabíamos muy bien aún dónde estaban los despachos ni qué se guardaba en los armarios y en los cajones. Él, en cambio, entró en la estancia seguro de sí mismo, como con prisa, como quien lleva años esperando a que se haga justicia y sabe que no tiene que mendigarla, sino exigirla. Irrumpió en el despacho sentado en la silla de ruedas a la que le envió el disparo de un policía ebrio, en los años oscuros de la Transición, pero entró con una amplia sonrisa y cargado de energía.

Y aquella primera entrevista sirvió ni más ni menos que para que Carlos marcara cuál debía de ser el camino que Pamplona debía seguir en materia de Memoria Histórica, recuperando el tiempo perdido y, más aún, poniéndola en la vanguardia de las ciudades del estado a la busca de la dignidad olvidada.

Abogado de 68 años y argentino de Buenos Aires, conoció y padeció en primera persona la dictadura del general Videla, fue defensor de los derechos humanos en Sudamérica y, por fin, recaló en Madrid, donde al intentar mediar en una brutal paliza policial, un taimado balazo le quebraría la espalda.

Tuve aún ocasión de coincidir con Carlos una vez más, en octubre de 2016, con motivo del encuentro que organizamos en Pamplona con otras ciudades interesadas en la querella por los crímenes del franquismo. Nuevas secuelas habían agravado su estado, y se le veía inquieto, casi enfadado por el desgaste evidente al que se veía sometido. Eso sí, se mostró muy satisfecho por el trabajo realizado, y nos impartió, en una sala del Condestable abarrotada de gente, una última y magistral lección, tanto de conocimientos como de dignidad humana. Ya a finales de febrero de 2017 acudimos invitados a Madrid, para exponer allí los avances llevados a cabo en Iruñea en materia de Memoria Histórica. Se había depurado el callejero franquista, se habían exhumado las tumbas con honores de los generales fascistas, y se había abierto la oficina municipal de atención a las víctimas, y ello había disparado el interés por nuestra ciudad. Pero Carlos no pudo ya acudir. Afortunadamente, tuvo tiempo de saber que Pamplona había sido la primera ciudad del estado en personarse en la querella contra los crímenes del franquismo, y tuvo por tanto la satisfacción de ver que sus enseñanzas habían calado en todos nosotros.

Con Carlos Slepoy desaparece una persona lúcida y consecuente, un ejemplo destacado de lucha y sacrificio, capaz de darlo todo por sus ideales, hasta caer en la extenuación. Perteneciente, como sus amigos Jacinto, “Chato” y tantos otros a los que hemos tenido el honor de tratar y conocer, a una casta de luchadores muchas veces olvidada y arrinconada por los arribistas, por los triunfadores de la política. Un ejemplo que reivindicar y del que aprender. Carlos, amigo, sit tibi terra levis. Bekizu arina lurra.

El autor es Iruñeko alkatea. Alcalde de Pamplona.