Ana Labordeta actriz

“El espectador no sabe si lo que ocurre es real o está en la cabeza del protagonista”

La actriz es parte del elenco de ‘El padre’, una obra que aborda el alzhéimer desde la perspectiva del propio enfermo y que mañana aterriza en Baluarte

Ana Jiménez - Sábado, 22 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:10h

pamplona- El escenario de Baluarte acoge mañana la representación de El padre, una obra que pone sobre las tablas el alzhéimer: su protagonista, Andrés -Héctor Alterio-, comienza a padecer la enfermedad, y junto a él también su familia. La actriz Ana Labordeta da vida a la hija de este hombre enfermo en una historia que es una farsa trágica, que cuenta con la firma del dramaturgo francés Florian Zeller y está adaptada y dirigida por José Carlos Plaza.

El padre narra la acción desde el punto de vista de un hombre que padece alzhéimer. ¿Cómo ha sido el traslado al escenario de una enfermedad tan presente en muchos hogares?

-La base de nuestro trabajo es el texto. En este caso, Florian Zeller ha creado una función maravillosamente escrita. Uno de los hallazgos es cómo la ha estructurado: no es una estructura al uso, la función está contada como si se estuviera dentro de la cabeza del propio enfermo. Tiene algo de misterio, tipo Hitchcock, que hace que el espectador esté siguiendo de manera activa la obra. No sabe si lo que está ocurriendo es real o está en la cabeza del protagonista, si es una conspiración de los personajes... Además, Florian Zeller conoce lo que escribe y, emocionalmente, el deterioro de esta persona y lo que supone a su alrededor, lo dibuja muy bien. También contamos con un gran director, que está enamorado del texto.

Usted interpreta a Ana, la hija de Andrés, esta persona enferma. ¿Qué enfoque otorga su personaje a la historia?

-Es la otra cara de la enfermedad. Realmente estas personas sí que tienen momentos de lucidez. Andrés padece alzhéimer, pero no es consciente de lo que le ocurre: culpa a los demás de guardarle las cosas en otro lugar, se obsesiona con su reloj, con que le roban... Su hija al comienzo no acepta que está enfermo y dice que tiene mucho carácter. Pero, poco a poco, la realidad y evidencia se imponen y tiene que tomar decisiones. Eso le afecta a ella, a su trabajo, a su relación de pareja... No le queda más remedio que ser consciente de este deterioro de su padre, una persona a la que ella admira profundamente. José Carlos me ha dado un trabajo lleno de posibilidades y matices.

También hay lugar para situaciones cómicas, ¿qué papel tiene el humor en una temática tan dura?

-Juega un papel importantísimo. Se titula El Padre, pero debajo dice farsa trágica. Estas situaciones confusas producen muchos momentos cómicos, a pesar de los pesares. Te lo dice la gente que las ha vivido, es un humor provocado por situaciones a veces muy delirantes. Florian Zeller ha hecho muchísimo hincapié en el equilibrio entre el drama y la comedia. También José Carlos, siempre nos lo ha estado recordando: “¿Cómo se subtitula? Farsa trágica”. Héctor es un payaso maravilloso, en el mejor sentido, y también apoya mucho el humor. Desgraciadamente, mi personaje es el que menos comicidad tiene (risas). Pero es el contraste entre las situaciones lo que provoca el humor.

Con el alzhéimer como núcleo y estas pinceladas de humor, ¿qué reflexión trasmite El padre a el espectador?

-Se muestra una situación que, desgraciadamente, cada vez es más común, y que por ahora no tiene retorno. Se viven más años y es raro una familia que no tenga a alguien que padece esta enfermedad. Pero creo que lo que salva estas situaciones, y lo que hace que se puedan llevar, es el amor: de la familia y de la gente cercana a estas personas. Creo que eso es lo que Zeller plantea.

De Héctor Alterio se ha dicho hasta que es un sueño trabajar con él. ¿Cómo es compartir escenario con un referente como lo es él?

-Es una fiesta. Héctor, con sus 87 años, es un trabajador incansable. Llevamos ya un año girando con la función y su gran preocupación es que no haya repeticiones, respetar enormemente al espectador que va al teatro y paga una entrada. Parece un mago sacándose continuamente distintos sentimientos y colores: pasa de la fragilidad al padre más severo, a estar perdido, al humor... Por eso decía que es una fiesta, él hace que todo sea por primera vez. Es estar recibiendo una clase maestra diaria cada vez que subes al escenario. Además, como ser humano es un hombre generoso y humilde. Me siento muy afortunada.

Respecto a la función de Baluarte, las entradas están volando. ¿Cómo está siendo acogida la obra durante la gira?

-Al margen del aplauso final y la ovación cerrada, es muy emocionante porque hay mucha gente que te espera al acabar y les ves con una emoción muy a flor de piel, que solo te dicen: “Gracias, gracias, gracias”. Y eso lo resume todo. Está siendo un viaje increíble por cómo el público conecta con lo que está sucediendo encima del escenario.