Un atropello múltiple con un muerto y dos heridas tiñe de luto la fiesta del Día del Ángel

Abel L.P.C., de 28 años y vecino de Milagro, entra en prisión sin fianza como presunto autor de la muerte de Carlos Pellejero, de 20 años

f. Pérez-Nievas/J. morales - Sábado, 22 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:08h

Unas gafas de sol abandonadas en el lugar del accidente y marcadas por la Policía Foral son algunos de los testigos mudos de la tragedia.

Unas gafas de sol abandonadas en el lugar del accidente y marcadas por la Policía Foral son algunos de los testigos mudos de la tragedia. (Foto: f. Pérez-Nievas)

Galería Noticia

Unas gafas de sol abandonadas en el lugar del accidente y marcadas por la Policía Foral son algunos de los testigos mudos de la tragedia.Una concentración de más de 1.500 personas sirvió para mandar su apoyo a familia y amigos del fallecido.Un ciclista transita por el lugar donde ocurrió el atropello en la tarde del 16 de abril.

tudela. La titular del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 4 de Tudela decretó el martes el ingreso en prisión comunicada y sin fianza del joven Abel L.P.C., de 28 años y vecino de Milagro, que el Día del Ángel atropelló mortalmente al zaragozano Carlos Pellejero Remacha, de 20 años, e hirió a dos chicas (Claudia C., novia del fallecido, y Mayte R.) en el Camino de las Norias. La juez, que le imputa un delito de homicidio imprudente, un delito contra la seguridad vial, un delito de omisión del deber de socorro y un delito de imprudencia grave, considera “necesaria” la medida cautelar por “la gravedad y la pena por los hechos cometidos”.

auto judicialTras tomar declaración al joven la juez destacó en un auto que Abel L.P.C. sobre las 20.00 horas del domingo iba circulando con un turismo por un camino de la zona de Las Norias de Tudela, donde se reúnen habitualmente numerosos jóvenes para la celebración del Domingo de Resurrección, “a una velocidad excesiva”, según indicaron los testigos y los propios ocupantes del vehículo, quienes afirmaron que “iban asustados de la forma en que conducía”.

Estos dos jóvenes, vecinos de Castejón, conocieron al investigado el mismo día de los hechos y le pidieron que les llevara en el coche.

Así, prosiguió la juez en su auto, el conductor “cogió una curva a excesiva velocidad” y arrolló al joven que resultó fallecido y a otras dos jóvenes, las cuales sufrieron lesiones que requirieron de su ingreso hospitalario. El auto destaca que “consta en el atestado policial que una de esas jóvenes en el momento de ser atropellada por el investigado había quedado en el capó de dicho vehículo y aquel, para quitarse el cuerpo, dio un volantazo, cayendo aquella al suelo”. Además, señala que, “una vez ocurrido el siniestro, el investigado siguió su camino sin parar, y cuando uno de los ocupantes le dijo que parara, se detuvo, y se bajaron del mismo los dos ocupantes, así como dicho investigado les dijo que no dijeran nada”, algo que viene “corroborado por la declaración prestada por los ocupantes ante la Policía Foral”.

Además, del atestado y averiguaciones policiales se infiere que el investigado “siguió conduciendo hasta parar en un campo donde quitó cristales de la luna delantera, la cual había quedado resquebrajada del siniestro, y una vez realizada dicha actuación, siguió su ruta, previsiblemente, hasta Milagro, lugar de su residencia”. “Llegó al domicilio familiar, metió el coche en el garaje, así como intentó limpiar los restos de sangre del mismo”, añade.

Una vez identificado el investigado, a partir de las declaraciones de los testigos, un miembro de la Policía Judicial de la Policía Foral le llamó por teléfono, y éste le colgó. Además, acudió a su domicilio en Milagro la Guardia Civil y tras varios intentos de localizar al investigado, “éste accedió a hablar con los mismos, les reconoció los hechos, y salió de su domicilio, momento en el que fue detenido”. En la prueba que se le practicó, el detenido dio positivo por cocaína. La juez apunta en el auto que, de lo actuado hasta el momento, y sin perjuicio de ulterior calificación a la vista del resultado de las pruebas que habrán de practicarse en la fase de instrucción, el hecho acaecido reviste los caracteres de un delito de homicidio imprudente realizado con vehículo a motor, estando castigado con pena de prisión de uno a cuatro años;un delito contra la seguridad vial, entre otros castigado con pena de prisión de dos a cinco años, un delito de omisión del deber de socorro castigado con pena de prisión de seis meses a cuatro años, y un delito de imprudencia grave.

consumo de drogas y fuga La juez incide en que “el investigado ha reconocido haber consumido sustancias estupefacientes con anterioridad al momento del siniestro, así como haberse ido del lugar de los hechos sin socorrer a las víctimas”. “Por otro lado, los testigos presenciales de los hechos han corroborado ante la Policía Foral que aquel, en el momento del siniestro, realizaba una conducción temeraria, a gran velocidad, sin tener en cuenta las circunstancias de la vía ni los grupos de gente que se encontraban en la misma, habiendo huido del lugar”, añade.

La juez concluye que, “teniendo en cuenta la gravedad de los hechos que se le imputan, así como las penas que pudieran ser impuestas al investigado por los delitos referidos, o aquellos que puedan resultar de la instrucción de la causa”, procede concluir que concurren requisitos necesarios para la adopción de la medida cautelar de prisión, la cual fue solicitada por el Ministerio Fiscal y la acusación particular, mientras que la defensa pidió la puesta en libertad.

Por último, la juez considera que

concurre el requisito para la prisión provisional que busca evitar el riesgo de que el investigado o encausado cometa o reitere dicha conducta delictiva o incluso pueda alterar pruebas para la investigación del delito. La resolución no es firme y contra la misma cabe interponer recurso de reforma ante el juzgado en el plazo de tres días y subsidiario de apelación o recurso de apelación en el plazo de cinco días.

a casa a dormirA pesar de los contundentes testimonios de los testigos, el joven Abel L.P.C. intentó exculparse ante la juez de los hechos que se le imputan y negó haber conducido a gran velocidad e incluso ser consciente de haber atropellado a alguna persona en el camino de Las Norias de Tudela el pasado domingo. “En la curva di un frenazo, escuché un golpe pero no supe contra qué había pegado”, afirmó a preguntas de la magistrada.

El investigado, que declaró entre

lágrimas y lamentó en diversas ocasiones lo sucedido, admitió haber consumido cocaína y también haber fumado porros con anterioridad al atropello, pero sostuvo que no percibió que circulara a excesiva velocidad, que “no iba muy rápido”, por el camino de tierra en el que se produjeron los hechos.

Abel L.P.C. recordó que había “más vehículos y grupos de gente” en la zona, y que al llegar a una curva y tener miedo a chocar contra una furgoneta, dio un frenazo, giró el volante y escuchó un golpe, pero no se percató de que hubiera atropellado a varias personas, pese a que según los testigos una de las heridas quedó sobre el capó y los daños en su vehículo eran más que evidentes. Añadió que se asustó porque había consumido drogas, por lo que decidió irse del lugar, si bien reconoció que metros más adelante, ante la insistencia de los dos ocupantes del vehículo -dos chicos que le habían pedido que les llevase en el coche-, se detuvo para que se apearan y posteriormente él siguió su marcha.

A continuación, según declaró el

investigado, se detuvo nuevamente en un campo cercano para retirar la luna delantera, porque al encontrarse fracturada le dificultaba la visión, sin poder dar explicación a los motivos por los cuales se había roto. La juez le exhibió una fotografía de la luna, que fue localizada por agentes de la Policía Foral.

El joven, que aseguró que desde el momento del siniestro no volvió a consumir sustancias estupefacientes, explicó que seguidamente siguió su camino hasta el domicilio familiar en Milagro, metió el coche en el garaje, le contó lo sucedido a su madre, quien se mostró muy disgustada y le dijo que tenía que entregarse a la Policía, y que se metió en la cama y se quedó dormido. Pese a que el atestado indica que intentó limpiar la sangre del turismo, el joven lo negó el pasado martes durante su declaración.

El atropello ha teñido para siempre uno de los días más importantes para la juventud de Tudela.