Marine Le Pen candidata del partido Frente Nacional (FN)

La cara amable de la ultraderecha

Domingo, 23 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:09h

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parís- Marine Le Pen ha pasado los últimos años lavando la cara del partido de ultraderecha que heredó de su padre, para convertirse en el rostro amable de un movimiento que no ha dejado de ascender electoralmente hasta llegar a ser el partido más votado de Francia. A sus 48 años, en su segunda campaña presidencial, esta convencida “eurófoba” está cerca de recolectar los frutos de esa catarsis si, como le auguran las encuestas, alcanza la segunda vuelta de las elecciones.

La segunda vuelta del próximo 7 de mayo, en la que ningún sondeo le da como vencedora, mostraría los límites de su apuesta, que aunque ha ampliado su base electoral, no ha conseguido romper el “techo de cristal” que le impone el sistema.

Marine Le Pen ha conseguido que su partido logre una gran adhesión, un electorado fiel que le perdona incluso las acusaciones de financiación ilegal de su movimiento por los que ya ha sido sancionada en el Parlamento Europeo. Pero no ha logrado evitar que genere también mucho rechazo en otra parte de la sociedad.

Le Pen, de 49 años y abogada, comenzó pronto su militancia política, siempre a la sombra de su padre, al que superó en votos tras hacerse con las riedas del FN en 2011. En 2015, después de romper con su padre, rozó los 7 millones de votos, récord del FN.

La candidata se mueve como una funambulista entre las propuestas radicales heredadas y la cara más aceptable con la que pretende conquistar el Elíseo. Evita las alusiones a la II Guerra Mundial que tantos quebraderos de cabeza costaron a su padre y arremete contra la inmigración esgrimiendo la inseguridad, la preferencia francesa y el patriotismo económico, su tema de campaña favorito tras comprobar que le funcionó en EEUU a Donald Trump. Esa estrategia le ha permitido ganarse a las clases obreras y desfavorecidas que se consideran olvidadas por el sistema.