Fieles al libro

Los compradores habituales de libros son apasionados del conocimiento que brinda la lectura en papel, de la que disfrutan a diario. Hombres y mujeres en porcentaje cada vez más similar, ya no son tan jóvenes (de edad;sí de espíritu).

Un reportaje de Paula Etxeberria. Fotografía Iñaki Porto - Domingo, 23 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:11h

Un cliente pasea por la librería Auzolan de la calle San Gregorio, mirando con detenimiento la oferta antes de decidirse a comprar.

Un cliente pasea por la librería Auzolan de la calle San Gregorio, mirando con detenimiento la oferta antes de decidirse a comprar.

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Un cliente pasea por la librería Auzolan de la calle San Gregorio, mirando con detenimiento la oferta antes de decidirse a comprar.Madre e hija eligien un libro en el apartado que Elkar Comedias dedica a la literatura infantil
“Leo casi cien libros al año;me sacia el afán de cultura y me sirve mucho para la reflexión” “Soy adicto a los libros;me acercan al conocimiento de realidades diferentes” “Leo a diario, antes de dormir, y en vacaciones la mitad de la maleta que llevo son libros...” “Me apasiona el género histórico, aunque no desprecio ningún otro;y compro libros cada mes” “La literatura ocupa un lugar muy minoritario;somos pocos lectores, pero muy buenos”

El lector habitual de libros sabe que leer es vivir más veces, y más intensamente. Que haciéndolo se acerca a realidades, sentimientos y comportamientos humanos que de otra manera quizá no llegaría a conocer, al tiempo que se acerca más a sí mismo. Y desde ese conocimiento y autoconocimiento, se conecta con empatía al mundo.

Todo esto, además del placer y el entretenimiento que encuentran en la lectura, impulsa a estos clientes fieles de las librerías a comprar sin necesidad de motivo especial ni fecha señalada. Sin esperar al cumpleaños, las Navidades o el Día del Libro, que se celebra mañana en las calles de Pamplona. Son hombres y mujeres en un porcentaje cada vez más similar -aunque la impresión de los libreros es que siguen comprando algo más las mujeres- y hace tiempo que dejaron atrás la juventud. Tienen los 30 años más que cumplidos, y de ahí hasta pasados los 70. En su gran mayoría no conciben la experiencia de la lectura si no es en papel, y tienen adquirido el hábito de leer a diario. Por puro placer y sed de conocimiento.

“El que lee, lee todo el año. Tiene esa necesidad ya adquirida”, dice Daniel Rosino, librero de Walden. Por su experiencia, el perfil del comprador habitual es de “tanto hombres como mujeres, al 50%, y de 40 años en adelante”. Dice que “se echa en falta a los universitarios”, algo con lo que coinciden otros colegas libreros. “El público más joven, o no ha accedido al libro o lo ha hecho de otra manera, a través de las nuevas tecnologías y no del papel”, opina Patxo Abarzuza, de Elkar Comedias. En su tienda, el perfil del comprador habitual se corresponde sobre todo con mujeres de entre 30 y 50 años, “aunque cada vez son más hombres los que compran, ya no hay tanta diferencia”. Desde Auzolan, Mertxe Zufía corrobora que “es raro que entre a la librería público universitario o de esa franja de edad”. “Aunque esta Semana Santa me he sorprendido con cuadrillas de turistas veinteañeros que han venido con mucho interés”, apunta. En cuanto a hombres y mujeres, “el porcentaje es muy similar entre los compradores y lectores habituales. Cada vez hay más clientela masculina”, aprecia.

En Katakrak coinciden en que “la franja de edad universitaria es la que más se echa en falta” en la librería. “Los clientes habituales son de 30 años en adelante, gente que ya ha dejado la fase de la educación”. Aunque “últimamente, en torno al ensayo, en especial de temática feminista o de enfoque social, hay bastantes lectores jóvenes, sobre todo lectoras jóvenes, que se interesan y compran”, apunta Germán, librero de Katakrak.

Pero en general, los libreros se preguntan: ¿dónde están los universitarios? “No solo en las librerías, también en conferencias.... Tengo la sensación de que no leen, más allá de lo que tienen que leer por estudio”, lamenta Rosino instantes antes de atender a uno de sus clientes más fieles, que llega a Walden en busca de dos ejemplares: una edición deAnna Karenina y Doña Bárbara, novela del venezolano Rómulo Gallegos. “Soy adicto a los libros”. Así se describe José María Serena Puig, aragonés de 65 años afincado en Pamplona. “Me muevo en un entorno de gente muy lectora. La biblioteca de mi padre tendrá cerca de diez mil obras, así que he crecido rodeado de libros. Y me gusta estar al día de lo que se publica”, dice este cliente habitual, que visita la librería dos o tres veces al mes y es apasionado en especial de la literatura clásica y la Historia, aunque también disfruta “muchísimo” con la novela policíaca. La lectura le aporta “el conocimiento de personas, situaciones y países diferentes. Tengo curiosidad por el comportamiento humano”, dice.

pablo ibañez

Pamplonés de 66 años

José María serena puig

Vecino de Pamplona de 65 años

javier lorente

Pamplonés de 38 años

Jesús Maria REdín

Pamplonés de 74 años

Rubén arias

G

De Elkar Comedias salen las vecinas de Ansoáin Vitori Recalde, de 45 años, y su hija Oihana, de 10, con algún ejemplar recién comprado para la pequeña lectora. “Me gustan las historias de detectives. Leo todas las noches”, cuenta Oihana. Su madre reconoce que, aunque lee habitualmente, sobre todo historias de intriga, para ella ya casi no compra libros. “Utilizo el e-book o las bibliotecas, lo que compro es más para la niña”, dice. También sale con un ejemplar para su hijo Lola Guangaje, ecuatoriana de 46 años afincada desde hace ya 16 en Pamplona. “He comprado un diccionario para estimularle y ayudarle en su aprendizaje”, dice señalando que su hijo sufre un problema de oído. A ella le gusta “el género romántico”, pero reconoce que no compra libros habitualmente: “Cojo en la biblioteca, es más económico y allí encuentro libros de todos los gustos”, dice.

Varios ejemplares, entre ellos Los últimos: Voces de la Laponia española de Paco Cerdá, lleva en la bolsa Javier Lorente, pamplonés de 38 años;acaba de comprarlos después de pasarse un rato mirando la oferta de la librería Auzolan. Comprador habitual, en sus lecturas alterna novela negra con ensayos de política e historia. “Suelo leer a diario, antes de dormir, y en vacaciones la mitad de la maleta son libros...”. No concibe la lectura si no es en papel. “Me regalaron un Kindle (e-book) y a su vez yo lo regalé. No me hacía...”. De la experiencia de la lectura, valora “el conocimiento que aporta sobre lo que pasa en el mundo” y que potencia “la capacidad de imaginación”. A Jesús María Redín, pamplonés de 74 años, le resulta “difícil” describir con palabras lo que siente leyendo. “Me aporta mucho”, se limita a decir. Por eso, lee “todos los días un rato”;apasionado del género histórico, “aunque no desprecio ningún otro” -apunta-, compra habitualmente, “más o menos cada mes”, dice nada más pagar en el mostrador de Auzolan el libro de Joseba AsironAdiós, Pamplona.

una minoría

“Pocos, pero buenos”

Más que lector habitual, Pablo Ibañez, pamplonés de 66 años, es “un devorador de literatura, y de todos los géneros. Leo casi cien libros al año”, cuenta mientras rebusca en el fondo de Katakrak. Con esa media, es lógico que se nutra “de las bibliotecas públicas”, aunque sigue comprando. “En mi biblioteca personal tengo casi seis mil volúmenes. Pero desde que estoy jubilado, solo compro aquellos libros que me interesa tener como documento personal”, matiza este lector apasionado de la narrativa y la Historia. “Últimamente estoy centrado en el tema de la memoria histórica”, cuenta. Uno de los últimos libros que ha comprado es El siglo de la revolución, de Josep Fontana. A la lectura le dedica todos los días “entre cinco y siete horas”, un tiempo repartido entre mañana y tarde. “Leer me aporta una enorme satisfacción personal, me sacia el afán de cultura y me sirve muchísimo para la reflexión”, apunta Ibáñez, que solo lee libros en papel. “Simplemente ya por el tacto, por poder volver páginas atrás, leer una nota... eso es insustituible”, valora.

Rubén Arias, de 38 años y natural de Gasteiz, viaja desde su ciudad a Iruñea una vez al mes para visitar Katakrak. “Soy un lector de diarios y misceláneas, de narrativa y de ensayo. En esta librería hay un gran fondo de ensayo y una muy buena selección de literatura latinoamericana, cosas que no encuentras fácilmente en otros sitios”, destaca Arias, quien lee “de tres a cuatro horas de media al día”. Entre lo último que ha comprado, dos libros muy diferentes entre sí: Intxaurrondo. La sombra del nogal, de Ion Arretxe, y Cosas transparentes, de Nabokov. Profesor de Literatura en una universidad, este gasteiztarra lamenta que “es apabullante la mayoría de alumnos en los que la literatura no está entre sus intereses, aunque estén estudiando la carrera de Humanidades...”. Por supuesto, “hay excepciones, que son las que salvan el oficio”, matiza. Pero, en general, ve que la literatura ocupa “un lugar muy minoritario”. “Somos pocos lectores, pero muy buenos. Y con mucha energía y una disposición a gastarnos una buena parte de nuestro capital en esto”.