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Juez de línea

Desconexión

Por Félix Monreal - Domingo, 23 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Kenan Kodro se dispone a celebrar un gol, el segundo de Osasuna.

Kenan Kodro se dispone a celebrar un gol, el segundo de Osasuna. (Foto: Patxi Cascante/Mikel Saiz)

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Kenan Kodro se dispone a celebrar un gol, el segundo de Osasuna.

Osasuna va a dejar la Primera división con esa sensación, manejada también ayer, de que podía haber hecho las cosas mejor. De que sin disponer de una plantilla de alta cualificación, presentaba otros argumentos para competir y obtener mejores resultados, para no haberse desconectado tan pronto de la pelea por la permanencia, aunque los resultados de otros equipos le hayan mantenido siempre a una distancia en la que las matemáticas endulzaban una realidad siempre tozuda y cruel. Este partido de ayer ya lo hemos visto otras veces en este curso;con el marcador a favor, Osasuna se encoge, confía en exceso en el amontonamiento de hombres atrás, pero esa trinchera no ha sido nunca un lugar seguro. Los pocos puntos recogidos no han llegado gracias a un perfecto ejercicio defensivo sino más bien a esos alardes en ataque que, bien de manera individual o en jugada colectiva (casi nada a balón parado y eso también define a este equipo), han proporcionado algunas de las pocas alegrías en este camino de ida y vuelta. Los rojillos cerrarán el curso sin haber conseguido exponer una estrategia defensiva correcta;las lesiones y los cambios de planes de los diferentes entrenadores han sido un hándicap: ayer los tres centrales eran el comodín Oier, el lateral Fuentes y el debutante John Steven. Ese trío, pese a su actitud combativa y disciplinada, dibuja la deriva de un Osasuna que no ha encontrado en ningún momento su identidad como bloque bien pertrechado. Esos 75 goles en contra -el equipo más castigado de la categoría- hablan por sí solos. Ayer, esa desconexión de dos minutos, entre el 78 y el 80, echó por tierra una victoria que la grada saboreaba, que acortaba las distancias y estiraba las ilusiones alguna jornada más. Pero Osasuna se fue del partido como se va a ir de Primera, sabiendo que había más por hacer.

Pese a todo, pese a las bajas también, los rojillos respondieron al compromiso ante su gente con otra cara y con mucha agresividad. Impone mucho jugar ante quince mil fieles;y también estimula. Que le pregunten a John Steven, de pronto debutando en Primera en situación comprometida, y demostrando que a los chicos de la cantera hay que ponerlos, por encima de falsos miedos y absurdas prevenciones. Es cuestión de paciencia y de confianza, como ocurre con Buñuel. La misma confianza que hace de Roberto Torres, pese a sus molestias de pubis, un puntal en esa estructura: suyas fueron las dos asistencias de gol, además de aportar una presencia inteligente en el juego. O la que acabará convirtiendo a Kodro en un jugador importante, no solo por su presencia, movimientos y ejecución en la zona de gol, sino por el trabajo solidario que desarrolla por todo el campo.

Por detalles positivos y relevantes como los anteriores, deja mal gusto este empate que fue muchos minutos una trabajada victoria ante un Sporting que es también ejemplo de combatividad y de no bajar los brazos. Pero el 2-2 pone a Osasuna ante su espejo, ante los claroscuros de una complicada temporada en la que tres entrenadores no han podido armar un bloque bien definido y reconocible. Hay mucho esfuerzo, desde luego, pero no ha dado para más. Fin de la conexión.

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