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Osasuna rompe sus cuentas

DECEPCIÓN EN EL SADAR | EL EQUIPO ROJILLO FALLA DE NUEVO EN CASA, ESTA VEZ SE DEJA IGUALAR DOS GOLES DE VENTAJA Y CONCEDE UN EMPATE ANTE EL | Sporting que le coloca a las puertas de la segunda división

Javier Saldise | Patxi Cascante/Mikel Saiz - Domingo, 23 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Gesto de desesperación de Aitor Buñuel al término del partido.

Gesto de desesperación de Aitor Buñuel al término del partido. (PATXI CASCANTE/MIKEL SAIZ)

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Gesto de desesperación de Aitor Buñuel al término del partido.

pamplona- Osasuna rompió sus cuentas y tiró a la papelera las ilusiones de sus aficionados tras ofrecer una imagen muy discreta, nada nuevo en la presente temporada, pero, sobre todo, conceder un empate fatal después de haber sumado dos goles de ventaja. Un equipo sin guión, blando e incapaz de sostener un marcador favorable tiró las últimas opciones que le quedaban para insistir en su ejercicio de fe -milagro puro y duro- y, después de escenificar el enésimo fiasco de la campaña, se coloca ya a las puertas de la Segunda División.

La suma de errores es lo que ha ido sacrificando a Osasuna y la deriva de un encuentro como el de ayer, en el que hubo mucho de agotamiento general, de jornada crepuscular, de día en el que casi no se aguanta más, fue casi el empujón definitivo. El final anunciado de este campeonato horrendo y triste se puede precipitar en cuatro días, en el próximo partido, si se da una reunión de resultados en contra. Osasuna peleaba contra lo imposible y ayer se le quebraron los planes.

En otra cita en la que no se podía fallar, Osasuna ofreció de nuevo una versión discreta de sí mismo, anduvo siempre a remolque del contrario y ni siquiera con el marcador a su favor a veinte minutos del final (2-0), iniciado con suerte con un gol en propia puerta y redondeado por una magnífica diana de Kodro, fue capaz de tener temple, orden y criterio para serenarse y guardar la renta. Osasuna, que no se merecía un resultado tan amplio porque hizo muy poco para ganar, mostró de nuevo lagunas defensivas suficientes para en dos minutos verse igualado. Incluso se temió por la derrota ante la decisión del rival, un contrincante cercano en la clasificación, mejor en el balance general. Si no hay nada que hacer en el día clave, la historia pinta realmente mal.

Osasuna, que afrontó el encuentro con una perfecta perspectiva de la jornada, con los rivales directos haciendo lo conveniente, perder, y jugándose los cuartos frente a un enemigo directo, no entró en el partido con las ideas claras, aunque la convicción por buscar al rival evidenciara otra cosa.

No había dudas acerca del tipo de encuentro que esperaba para la tarde. Dos equipos metidos en apuros, mirando de reojo los marcadores de todo el mundo y con la necesidad de los puntos no suelen levantar un monumento futbolístico. Lo que no estaba previsto es que el desarrollo de los acontecimientos llevara en la primera parte a los seguidores de Osasuna al borde del infarto. En el segundo tiempo, también.

El equipo de Vasiljevic, valiente y decidido como contrapartida al menor criterio con el balón, se encontró con un gol mediado el primer tiempo, en propia puerta de Meré con presión de Kodro en la jugada, en la única acción de peligro de ese periodo. Y el Sporting, obligado por el guión, empujado por los acontecimientos, vivió definitivamente en el campo de Osasuna, merodeando en cuarenta metros con el equipo rojillo metido en la cueva y con el corazón en un puño en los hinchas, que no veían avanzar las manecillas del reloj. A los asturianos les sisaron una jugada legal, que terminó en gol por obra de Burgui, pero dispusieron de otra opción clarísima que Cop desperdició solo ante Sirigu. Es decir, a Osasuna le salía el resultado, pero el juego asfixiante de su rival le podía pasar factura en cualquier momento, con el peligro innegable que supone caminar sobre el filo de la navaja.

La respuesta de Osasuna al agobio fue un intento de contragolpe poco sofisticado, porque abundaron los pelotazos buscando al velocista del grupo, Sergio León, pero las intenciones del juego en largo no se tradujeron sino en un bombardeo imposible, para nadie.

En la cueva y a la contra, así planteó Osasuna el segundo tiempo sostenido su planteamiento por los tres puntos que daban el marcador favorable, aunque asumiendo un riesgo altísimo. Roberto Torres fue hacedor de medio gol en una jugada en la que a Sergio León le condenó la espectacularidad de su remate, pero el buen centrocampista parecía liquidar la velada tras dar el último pase -previamente hubo un servicio profundo de un Buñuel que sigue creciendo- a un Kodro estelar en la resolución.

Osasuna tembló en los veinte partidos que quedaban por delante y el Sporting, que siempre le dio la cara al partido, empató como un torbellino en dos minutos -en el 79 y en el 81- y se plantó en la recta final del encuentro poniendo el corazón en un puño a todo El Sadar, rozando incluso un tercer tanto con un remate de Castro. Osasuna se salvó de perder cuando necesitaba ganar y enterró las ilusiones de los últimos en este esprint de desesperados. Una carrera loca en la que ya se llega al final.