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La diferencia entre lo que Navarra aporta al Estado y lo que recibe en inversiones se sitúa en máximos históricos

Los presupuestos del Estado para 2017 contemplan 626 millones de ingreso por el Convenio y apenas 76 de compromiso de gasto en inversiones
Respecto a 2016 los fondos del Estado se reducen en 28 millones mientras la aportación crece en 13

Ibai Fernandez | Javier Bergasa - Domingo, 23 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:09h

Las obras del TAV en Navarra, entre Castejón y Villafranca, paralizadas desde 2013 y con la superestructura todavía pendiente de colocar.

Las obras del TAV en Navarra, entre Castejón y Villafranca, paralizadas desde 2013 y con la superestructura todavía pendiente de colocar. (JAVIER BERGASA)

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  • Las obras del TAV en Navarra, entre Castejón y Villafranca, paralizadas desde 2013 y con la superestructura todavía pendiente de colocar.

Pamplona- La inversión del Estado en Navarra en los Presupuestos Generales (PGE) se reduce para este año un 25% respecto a 2016. Serán apenas 76,4 millones, de los que 45 son además para devolver a Navarra el dinero adelantado para las obras del TAV. Paralelamente, la aportación a las arcas generales en virtud del Convenio Económico por las competencias no transferidas aumenta hasta los 626,6 millones que el Estado reclama para este 2017. Una diferencia de 550 millones que supone su máximo histórico.

Solo en 2012 se alcanzó una cifra similar (552 millones) entre lo que Navarra contribuye a las arcas de Estado y lo que recibe a modo de inversiones en infraestructuras, según se recoge en el proyecto de Presupuestos Generales que a partir de la próxima semana se tramita en el Congreso. La Comunidad Foral será la segunda que reciba menos inversión de todo el Estado. En los PGE sólo sale ligeramente peor parada La Rioja, donde el gasto será de 75,51 millones, y muy lejos queda ya la tercera, Baleares, con 148,05 millones. No obstante, si se descuentan los 45 millones adeudados por obra ya realizada, la inversión real se queda en 34 millones.

Dos son los factores fundamentales en el desfase tan pronunciado. Por un lado, el progresivo incremento de la aportación que ya ha motivado tensiones institucionales. Navarra paga al Estado una parte de lo que recauda vía impuestos, que se calcula en base a unos criterios macroeconómicos para periodos de cinco años. El último quinquenio caducó en 2014 y se mantiene prorrogado desde entonces con unas bases muy perjudiciales para Navarra, la parte más débil de la ecuación. Y mientras no haya acuerdo, el Estado sigue reclamando su parte, que sigue creciendo año tras año hasta los 626 millones, 156 más de los que prevé pagar Navarra en un tira y afloja que si no se resuelve antes de final del ejercicio puede acabar un choque de trenes importante.

Paralelamente, y después de tres años de subidas, la inversión prevista por el Estado en Navarra cae hasta los 76,4 millones. Un dato que incluye los 45 millones que la Comunidad Foral ya adelantó para construir el TAV, competencia estatal, y que ahora maquilla unas cifras que, más allá de las obras de Yesa no contemplan nada nuevo. Tampoco financiación para la alta velocidad ni para la construcción de la segunda fase del Canal de Navarra, vital para llevar agua de calidad a la Ribera. Dos obras que UPN y PP se han comprometido a reanudar este ejercicio pero para los que no hay dotación presupuestaria. Apenas unos miles de euros para estudios e informes que, como mucho y si se cumple lo anunciado, permitirán desbloquear la construcción de 15 kilómetros del TAV, cuyas obras no empezarán antes de 2018.

En cambio, son muchas las lagunas pendientes que siguen sin detalle presupuestario, ni quisiera para su fase de análisis. Nada se sabe de la salida a Europa por alta velocidad, el bucle ferroviario de Pamplona, el puente sobre el río Ebro en Castejón, la estación de Tudela... Ni de proyectos que vayan más allá de la tradicional obra pública, y que parecen aparcados ya de forma definitiva.

inversión paralizadaEs la realidad de la inversión pública en España, recortada este año para asumir gastos como las pensiones o el desempleo sin incurrir en el déficit fijado por Bruselas. No hay dinero para casi nadie, y menos para Navarra, que con un régimen fiscal propio que le permite mayor autonomía y sin apenas población como para condicionar un resultado electoral, sigue relegada en las prioridades del Estado.

La situación, en cualquier caso, tampoco es nueva. Tradicionalmente las inversiones del Estado en Navarra han sido escasas. Solo grandes obras públicas de desarrollo plurianual que, una vez finalizadas, no tienen continuidad. El Pantano de Itoiz, el recrecimiento de Yesa, o el Canal de Navarra, este último financiado en un 60%-40% con el Gobierno foral. Solo en los años de Zapatero se rompió la tendencia, haciendo que la inversión aumentara entre 2007 y 2011 con obras como la ampliación del aeropuerto y su terminal o la cárcel, todas ya finalizadas, y que aumentaron el gasto del Estado en Navarra hasta superar los 200 millones en 2009 y 2010.

Desde entonces, ya con el PP en La Moncloa, la inversión se ha ido reduciendo de forma drástica hasta quedar en apenas 35 millones en 2013. Un momento crítico desde el punto de vista presupuestario en el que el Gobierno de Rajoy recurrió a los recortes para suplir la caída de ingresos, y en los que paralizó toda la inversión de obra pública para cumplir las exigencias de Bruselas y encauzar el desfase presupuestario. Una política de reducción de gastos que sin embargo no afectó a la aportación de Navarra, que durante estos años se ha mantenido estable con una tendencia al alza en los presupuestos del Estado.

Aunque el recorte se fue revirtiendo poco a poco después de 2013 hasta recuperar los 106 millones de inversión en Navarra para 2016, ahora se ha visto reducida en 28 millones para 2017. Esta vez con el TAV y el Canal de Navarra como bandera, pero sin que se haya concretado nada más allá de buenas palabras y pocas intenciones en torno a dos obras paralizadas desde 2013, y cuya puesta en marcha requiere de largos trámites administrativos que no se concretarán en inversión real antes de 2018. Si es que las promesas no se las vuelve a llevar el viento.

los ingresos

18%

La aportación de Navarra al Estado en virtud del Convenio Económico supone ya el 18% de todos sus ingresos no financieros (sin endeudamiento). Casi uno de cada cinco euros recaudado es para las cargas del Estado. Un porcentaje que ha crecido en los años de crisis pese a la caída de la recaudación, frente al 15% de 2011 o el 11%-12% de los años de bonanza.

Los gastos

300 millones de saldo negativo. Entre lo que la Comunidad Foral deja de recibir en prestación por desempleo una vez agotados los plazos de percepción, el aumento de la renta de inclusión social para compensarlo y la mayor aportación a las arcas del Estado fruto del Convenio Económico, el periodo entre 2012 y 2016 dejan una diferencia de 301 millones menos para Navarra. Y aunque fluctúa según los años, la tendencia es sostenida también hacia el futuro.

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