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Txarpaleta

De cementus a campus

Por Txus Iribarren - Domingo, 23 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:09h

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de cementus a campus. Así se titulaba un reportaje en aquellos números cero a inicios de 1994 previos a la salida de este periódico. Al director de entonces no le gustó. Quizá no se entendía bien, pero la información versaba sobre cómo lo que hasta ese momento era un espacio de tierra, obras y máquinas empezaba a llenarse de árboles, libros y personas. De vida al fin y al cabo, aunque otras personas se la hayan dejado en sus pasillos, despachos y clases para que el campus sea hoy lo que es. Seguro que habrá un hueco para su recuerdo el día 24 cuando se celebre el 30º aniversario de la UPNA... Nuestro homenaje lo rendimos desde estas páginas repasando la historia reciente del centro. El campus ha florecido. Ha dado sus frutos. La Universidad Pública es una de las mejores cosas que ha generado Navarra en estos años. Hay que reconocérselo a sus impulsores aunque también es cierto que se dejaron llevar por la moda del cemento de aquellos años desarrollistas y crearon un campus nuevo en lugar de llenar de vida los viejos edificios del Casco Viejo. Pamplona hubiera sido otra. Pero, continentes aparte, el contenido ha merecido la pena. Por sus aulas han pasado más de 35.000 alumnos. Miles de navarros y navarras que ya están por el mundo con la formación que imprime una carrera universitaria, espacio reservado hasta los años 90 a “los ricos” o que obligaba a un éxodo a Zaragoza, Salamanca... Posiblemente no encuentren trabajo acorde con sus estudios. No es fácil. El mundo está hoy tan roto o más que entonces. Pero hagan lo que hagan, nadie ni nada les quitará los valores sociales y culturales que dan la convivencia plural en un campus público. La UPNA, con sus defectos, fue y es un soplo de libertad y de equidad social. Hoy en día en casi todas las familias navarras obreras se sienta a la mesa un licenciado. Algo impensable en el franquismo. Aún más. Un amigo me decía el otro día que su hijo estaba pensando estudiar una Ingenería como él. Y lo podrá hacer. El detalle es que Juan Pablo vino desde Bolivia y ha tenido que trabajar en la construcción pese a ser informático. Su hijo, un nuevo navarro de tez distinta y que sabe euskera, retomará el camino universitario. Zorionak!