“Grândola, vila morena...”

Domingo, 23 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Celeste y sus claveles.

Celeste y sus claveles. (Foto: Archivo)

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Celeste y sus claveles.

“terra da fraternidade...”, sonó en las ondas la voz de José (Zeca) Afonso transmitida por Rádio Renascença, emisora católica portuguesa, señal para el levantamiento contra la dictadura que se convertiría en símbolo de la revolución y de la democracia en Portugal. Fue en la madrugada del 25 de abril de 1974, será el martes, en la que se llamó la Revolución de los Claveles por la actitud que tomaron las fuerzas armadas de colocar esas flores en las bocas de sus fusiles en demostración de que, de ninguna de las maneras, dispararían contra su pueblo. Un gesto hermoso y simbólico poco o nada habitual;le basta con mirar a su alrededor.

No sería la primera señal, aunque sí la definitiva. Se retransmitió a las 00.20 del día 25 de abril de 1974 en el programa Límite y era la segunda y última señal para el inicio del movimiento que derrotaría a la dictadura de Salazar y daría libertad a Portugal y a su imperio colonial. Las fuerzas del Ejército portugués organizadas por el MFA (Movimiento de las Fuerzas Armadas) se ocuparían de conseguir la libertad después de décadas con un pueblo sojuzgado. La primera señal se emitió siendo las 22.55 del 24 de abril y fue la canciónE depois do adeus (Y después del adiós), cantada por Paulo de Carvalho.

La canción de José Afonso había sido elegida por los miembros del MFAcomo el momento de arranque de su incipiente revolución, cuando todavía no añadiría la poética denominación “de los claveles” en este mes que despierta su belleza. La historia de los clavales se inicia gracias al gesto de una mujer, Celeste Caeiro, camarera que cargada de claveles volvía del trabajo a casa cuando un soldado le pidió un cigarrillo. “No fumo, pero esto es para tí”, le respondió Celeste entregándole un clavel que él colocó en el cañón de su fusil y su ejemplo cundió hasta generalizarse entre los soldados.

Para los portugueses y el mundo fue la revolución soñada, pero no la conveniente a las grandes potencias. El embajador de los Estados Unidos, Frank Carlucci, en colaboración con la CIA y el presidente alemán Willy Brandt, movieron sus hilos para en las primeras elecciones apoyar y subir al poder al socialista Mario Soares, la solución de momento contra el comunista Álvaro Cunhal que había dado la cara mientras el Partido Socialista portugués disfrutaba de vacaciones. Soares fue el instrumento que desmanteló las conquistas sociales, paró la reforma agraria, privatizó todo de nuevo y aplicó las medidas que le dictó el Fondo Monetario Internacional. Igual, con otros personajes, ocurriría en España con Felipe González y su tropa, singular paralelismo. La Revolución de los Claveles acabó en el cambio para que el gran negocio no cambiara, y Portugal ha sido también el de los recortes sociales, el paro y la emigración. En 1975 pedí a un pianista en Cascais que tocara Grândola, vila morena. No lo hizo: en voz baja me dijo que “no era aconsejable”. - L.M.S.