primera división Real Madrid 2 - Barcelona 3

Messi reinventa la Liga

EL TÍTULO | eL bARCELONA gana en el bernabéu con un gol del argentino en el tiempo añadido

Roberto Morales / Juan Carlos Hidalgo - Lunes, 24 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:07h

Leo Messi, mostrando su camiseta a la grada tras marcar el tercer gol del Barcelona, el de la victoria.

Leo Messi, mostrando su camiseta a la grada tras marcar el tercer gol del Barcelona, el de la victoria. (Juan Carlos Hidalgo)

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Leo Messi, mostrando su camiseta a la grada tras marcar el tercer gol del Barcelona, el de la victoria.Momento en el que Hernández Hernández mostró la tarjeta roja a Sergio Ramos.Messi, que con su doblete de ayer alcanzó los 500 goles con el Barcelona, celebra el tanto con el que certificó la remontada.

REAL MADRID Navas;Carvajal, Nacho, Ramos, Marcelo;Casemiro (Kovacic, min.70), Kroos, Modric;Bale (Asensio, min.39), Cristiano y Benzema (James, min.81).

BARCELONA Ter Stegen;Sergi Roberto, Piqué, Umtiti, Alba;Busquets, Rakitic, Iniesta;Messi, Alcácer (Gomes, min.70) y Suárez.

Goles 1-0, min.28, Casemiro. 1-1, min.33, Messi. 1-2, min.73, Rakitic. 2-2, min.85, James. 2-3, min.92, Messi.

Árbitro Hernández Hernández (Las Palmas). Expulsó a Sergio Ramos (min.77). Amonestó a Casemiro (min.12) y Kovacic (min.81) por parte del Real Madrid;y a Umtiti (min.39) y Messi (min.92) por parte del Barcelona.

Estadio Bernabéu. 81.044 espectadores

MADRID- Un recital de Leo Messi resucitó al Barcelona en el Santiago Bernabéu, donde se levantó con grandeza de su eliminación europea y, amparado en el fútbol magistral de su líder, remontó un clásico trascendental ante un Real Madrid que nunca se rindió y acabó probando de su propia medicina en el minuto 92.

A la grandeza de un duelo entre Real Madrid y Barcelona le acompañaba el aspecto decisivo del marcador. Lo convirtió en el clásico del miedo y la especulación en el primer acto y de la belleza y fútbol vertical en el segundo.

El fútbol convertido en estado de ánimo, con los madridistas lanzados en el momento decisivo del curso y los azulgranas encontrando la mejor medicina para huir de la depresión que habría supuesto tirar la temporada en cinco días.

Obligado a ganar, el Barcelona debía asumir riesgos. Los intentos de Zidane de rebajar trascendencia al duelo fueron en vano. Sus jugadores lo sintieron desde el inicio. Cristiano pidió penalti por caída ante Umtiti para calentar la polémica.

Ter Stegen comenzaba a parar. Le sacaba la primera a Cristiano, feliz con espacios y encarando con ventaja a Piqué para regatear de tacón y probar suerte de zurdazo. El 4-3-3 de Zinedine Zidane invitaba a correr al contragolpe. No le importaba dar el balón al rival. Buscaba atacar con velocidad. Fue la razón por la que optó por Bale y se equivocó.

La ventaja en la clasificación del Real Madrid le invitó a pensar primero en ser fuerte defensivamente. Reculó en exceso y el partido se situó donde quería Messi, que no se cansaba de buscar a Casemiro -amonestado pronto- y explotar su velocidad. Rompía por el centro y generaba desequilibrio.

El contragolpe era el mejor recurso blanco. Benzema la tenía, Cristiano se topaba con Ter Stegen y una mano abajo salvadora y Bale remataba mal un balón en largo de Kroos. Un golpe de Marcelo con el codo en la boca de Messi apagó por momentos al argentino justo cuando llegaba el gol madridista.

Una vez más a balón parado, con otro saque de esquina de Kroos que despejó Piqué, acabó en centro de Marcelo, remate de Ramos al poste y Casemiro, atento para marcar a placer, explotaba el punto débil de los últimos partidos del Barça. Todo se le ponía en contra.

Se marchaba Bale y Zidane apostaba por Asensio antes que por Isco. Era la recta final del primer acto cuando, ante la firmeza de Ter Stegen, Leo podía sentenciar y, derribado por Casemiro, en la séptima falta del brasileño, pedía su expulsión y provocaba que fuese el primer cambio de Zidane.

Se repetía en la reanudación la salida en tromba del Real Madrid. El partido se abría y se convertía en un espectacular intercambio de golpes. Alcácer perdonaba la suya, chutando de puntera y provocando la respuesta con un pie de Keylor.

Los porteros se imponían hasta que Rakitic inventó un zurdazo imparable a la escuadra para el 1-2. Con los nervios a flor de piel llegaba la acción polémica del partido. Ramos entraba duro a Messi, con los dos pies por delante, y cuando todos esperaban la amarilla recibía una dura cartulina roja a trece minutos del final. Es cuando aparecía el espíritu de lucha madridista. Prohibido rendirse. Tiró de orgullo. Zidane apostó por James y la fe de Marcelo encontró el premio del gol del colombiano. El Bernabéu era una fiesta que llevó al Real Madrid a olvidarse de que estaba en inferioridad numérica y que estaba Messi.