Londres con(tra) Madrid

Ilia Galán - Lunes, 24 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:08h

No es que es que Gibraltar sea de nuevo motivo de litigio entre las dos grandes coloniales expotencias, ni que muchos españoles vayan a visitar o trabajar las tierras inglesas;es Peter Pan volando por encima del Big Ben, uno de los más antiguos regímenes parlamentarios del mundo en activo y uno de los edificios neogóticos más hermosos e impresionantes del siglo XIX.

Funcionamos más por impulsos y sentimientos, por motivos mitológicos e imaginarios que por motivos racionales. Bien lo saben las religiones y por eso celebramos que todos podemos renacer, empezar de nuevo, con esperanza, en la Pascua florida, con procesiones donde se recuerda a Jesús de Nazaret que aparece de nuevo vivo para siempre, como queremos todos, y en feliz estado, si somos buenos. Procesiones, cantos, esculturas y símbolos traen a la memoria colectiva los elementos de la ilusión. La oscura creencia en los mitos políticos también nos gobierna, y eso sucede con buena parte de los ingleses, que todavía viven pensando que son un imperio;su reina sigue siéndolo, como una bandera, de Australia o Canadá, por ejemplo. Además, ellos pueden dejar queel continente quede aisladoal irse de Europa, pues la isla es una nave rica que se acerca a su poderoso hijito, los EEUU.

Esto podría resultar anodino sino fuera porque el principal país con quien comerciamos es esapérfida Albión que nos envía miles de jubilados a vivir con nosotros o, mejor, con nuestros paisajes y con el sol, así como millones que vienen a disfrutar de nuestras costas cada año para zambullirse en el verano. Nos puede afectar mucho, y la separación de la Unión Europea está trayendo muchos más problemas de los esperados a la presidencia inglesa que afirmó, en falso, que no adelantaría las elecciones. Caminar por Londres significa ver un cielo poblado de grúas que no cesan de construir para rascarle al cielo las alturas;sigue siendo una de las capitales más vivas y desarrolladas en tecnología del mundo. Vamos a comer a un pub que parece un palacio, The Old Bank, y es económico. Un camarero joven, economista, encantador emigrante asturiano, nos muestra las cámaras subterráneas acorazadas de ese antiguo banco. Ahora no hay oro, sino vino y alcoholes que tiñen la mente de quienes se creen ser todavíalos importantes. Cerca yacen los juzgados que embarullan con mil leyes la vida;el dinero les ha perdido. En mis manos se escribe un poema: “Pelucas polvorientas justifican / despellejar a la justicia / entre pañuelos de seda. / El oro cuelga de sus cadenas, / horcas de sus conciencias.” Por querer ganar más, perdieron. ¡Avaricia!