Policía de Sangüesa:

Raúl Olóriz Espinal - Diplomado en Trabajo Social - Martes, 25 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:08h

Que el alcalde y su grupo APS no quieren Policía Local se sabe desde la legislatura pasada. No es ningún secreto pese a que se empeñen, de cara a la galería, en disfrazarlo de otra cosa.

Desde el primer día en que Ángel Navallas probó el sillón de la Alcaldía ha tenido como objetivo cargarse al cuerpo de Policía Local y dejar a los sangüesinos sin su servicio. Pero, como siempre hace, jamás va a defenderlo abiertamente. Es incapaz de enfrentarse a sus propias ideas. Por eso la estrategia es otra: empeorar el servicio, hacer que los sangüesinos pierdan la confianza en el cuerpo y dejarlo morir.

Los datos son muy reveladores. Antes de entrar APS a la Alcaldía el cuerpo de Policía de Sangüesa contaba con 5 agentes y 2 auxiliares (figuras que, entre otras características, no opositan al puesto y no portan armas). Ante la imposibilidad en la legislatura 2011-2015 de poner de acuerdo a los 4 grupos municipales (APS, AISS, Bildu y PSN), Navallas aparcó la idea de integrar a la Policía Local en la Policía Foral. De entrada, perderíamos calidad en el servicio y no existiría un gran ahorro económico.

Iniciada la nueva legislatura 2015-2019, APS vuelve a retomar la idea de la integración, pero sigue sin contar con el apoyo de la oposición (AISS y EH Bildu), que sumamos mayoría. Además, se le cruza por medio la nueva y polémica Ley de Policías que cuenta con el rechazo en bloque de los sindicatos policiales y tiene a la consejera Beaumont entre la espada y la pared. Es entonces cuando la estrategia de APS cambia: cuanto peor, mejor.

Se elimina el servicio nocturno de vados, no se cubren las plazas vacantes, se parchean a base de contratación de auxiliares, los agentes ya no pueden patrullar siempre por parejas, no se prevé nada para futuras jubilaciones, los servicios de fin de semana y de fiestas se tambalean… Pasamos a tener 4 agentes y 3 auxiliares. Y, por si fuera poco, ahora 2 agentes se encuentran de baja (uno, el jefe), un agente se jubila en poco más de un año, los auxiliares están equiparados salarialmente, el jefe es el mejor pagado de todo el Ayuntamiento, sube el gasto, empeora la calidad del servicio… Situación insostenible.

Y APS, incapaz de tomar ninguna decisión, se permite el lujo de hablar de “optimización de recursos”.

Se cumplen veinticinco años de la Expo de Sevilla, emblemática fecha que marca el particular diseño de un país que un cuarto de siglo después se resquebraja como las hoy abandonadas instalaciones de La Cartuja. Como acertadamente apunta el tuitero Jonathan Martínez, eran los años de la gente guapa, Maastricht, la ruta del bakalao, Cobi, las mamachicho, Xuxa Park, etcétera. La especulación urbanística, la inauguración del AVE, el espectáculo del derroche al servicio de quinientos años de expolio en América. Y, cómo no, nada ni nadie debía empañar la fiesta. Por aquel entonces, en las protestas, la Policía detuvo en Sevilla a más de un centenar de personas realizando quince disparos y siendo tres los heridos de bala, uno de ellos un vecino de la Rotxapea. Veinticinco años después, tras la borrachera del cemento, llega la resaca: endeudamiento de las arcas públicas, negocio para la mafia, especulación urbanística y financiera y privatización de servicios básicos. España tiene una de las mayores redes de alta velocidad del mundo, pero también de las menos utilizadas. El modelo de país diseñado bajo la tonadilla del amigos para siempre naino naino naino náse revela como un modelo caduco y corrupto. No parece que haya mucho que celebrar, ¿o si? Mañana en Katakrak, a las 19 horas, en una agradable tertulia podemos debatirlo.