Recursos humanos

Libros, razón y sentimiento

Por Maite Pérez Larumbe - Martes, 25 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:07h

A veces echo de menos un cura, un ama, una sobrina, un licenciado y un barbero para ayudarme en mis personales hoguerillas librescas. No me deleito en combustiones, no está la biosfera para más ceodós, pero sí me libro de vez en cuando de algunos volúmenes. Unos, sencillamente, porque el título empieza por Cómo y a mí no hay cosa que más me irrite que la facilidad con que pretenden solucionar la vida o al menos una parte de ella. Si fuera más valiente, escrutaría todos los libros y correrían idéntica suerte aquellos en cuya contraportada aparezca la palabra imprescindible. Un poco de seriedad, por favor.

Si en tiempos un libro ayudaba a triunfar y en otros era un buen amigo, hoy es un formato como otro cualquiera donde cabe todo, desde la literatura, la creación, el pensamiento, el conocimiento o la futilidad, la ocurrencia, la repetición y la propaganda. Como dice Eduardo Mendoza -qué bien me cae, qué bien me lo he pasado leyéndole y qué guapo está, oye- hoy prima la lectura sobre la literatura. Pero a lo que vamos, que yo solo estaba haciendo limpia y mi criterio para salvar un libro dista de ser riguroso o exquisito. Es más bien sincrético. Lo mismo me vale que me den cierta luz, que describan y descubran zonas oscuras pendientes de iluminar o que me deslumbren, me entretengan o me hagan reír, experiencias que pueden lo mismo solaparse que ser distantes.

Hay libros que no tiraré, unos son objetos hermosos y sensuales que derrochan inteligencia y buen gusto editorial, solo el título de otros es ya un hallazgo. Y luego están los de la gente querida. Una se predispone para encontrarse con las maneras y el tono singulares y conocidos y dejarse llevar. Y es un gusto.

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