El sitio de mi recreo

Por el teléfono muere el mangui

Por Víctor Goñi - Miércoles, 26 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:07h

el sábado me dejé el móvil cargando en el coche. Vaya sensación de desamparo, oigan. La cuestión es que al montarme de nuevo en el vehículo la radio desgranaba la imputación de Marhuenda por jactarse en un pinchazo telefónico de presionar a la presidenta madrileña Cifuentes para que frenase la investigación a un consejero del diario que dirige. Lo que hubiera dado el colega por haber olvidado aquella infausta jornada su dispositivo en cualquier parte, pensé a bocajarro, antes de percatarme de que ese mejunje de intereses privativos en conversaciones cruzadas será el pan suyo de cada día. De Marhuenda y de todos los vinculados -por proximidad física y emocional o por inculpación directa- al colosal estercolero del PP, una ciénaga de la que constan pruebas orales y escritas gracias a los terminales fijos y sobremanera móviles. Evidencias que obedecen a que por el teléfono mueren estos manguis de altos vuelos, traicionados por esa típica fanfarronería de quien se cree impune, por las relaciones tejidas con el poder y/o por todos los chanchullos que obran en su memoria. Paradigma del suicidio político vía telefónica es Ignacio González, que comenzó por alardear ante sus atónitos escuchantes policiales de los pelotazos que perpetraba y que, como tras un chivatazo encriptó su móvil, obligó a colocar micrófonos en su despacho, con éxito notable debido al desparpajo verbal del ducho comisionista. El mismo Nacho que ha acabado por enfangar al ministro Catalá, que en respuesta a la felicitación por su nombramiento le deseó el pronto finiquito de sus líos en un sms igualmente interceptado y que debiera haber reportado ya el cese fulminante -nótese la paradoja- del titular de Justicia. Una quimera, ciertamente, pues quien puede destituirlo fue justo el precursor de los mensajes impúdicos en el inicio de la publicación por capítulos del sumidero ético del PP, aquellos “Luis sé fuerte” y “hacemos lo que podemos” que Rajoy recetó a Bárcenas para aplacar la ira del extesorero. Lo positivo de tan indecente trasiego telefónico es que ha dejado al descubierto la catadura de semejante tropa, retratada con exactitud en otra confesión del ínclito González, esta vez a Zaplana. “O tienes controlados al aparato del Estado y a los medios de comunicación o estás muerto”. Palabra de fiambre.