Del Arco plasma el drama de los refugiados y la corrupción política en su nuevo montaje

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Pepi Cardenete Rubén Muñoz (Efe) - Jueves, 27 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:08h

Del Arco, primero por la izquierda, junto al elenco del montaje.

Del Arco, primero por la izquierda, junto al elenco del montaje.

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Del Arco, primero por la izquierda, junto al elenco del montaje.

madrid- Miguel del Arco lleva a escena el drama de los refugiados y la corrupción del lenguaje y la política en Refugio, un texto que ha escrito para el Centro Dramático Nacional (CND) y que le habría gustado que fuese una coproducción con su teatro, el Pavón Kamikaze, pero no tenían “ni fuerzas ni recursos”.

El director y dramaturgo explica que en Refugio, que se estrenará mañana en el Teatro María Guerrero, aborda el silencio encarnado en la corrupción del lenguaje y de la política y el drama de los refugiados, para ello la obra parte, como Teorema de Pasolini, de un núcleo familiar en el que aparece un desconocido para ser una suerte de catarsis. En este caso, Farid (Raúl Prieto), un refugiado que en la travesía “ha perdido todo lo que significa algo para él” y que es acogido en una familia que habla un idioma que él no entiende.

Por ello, Farid no se comunica con sus huéspedes, solo con el recuerdo de su esposa (que interpreta María Morales) y “ese silencio desata la verborrea del resto de personajes”, dice Del Arco sobre esta función “bastante oscura” que se mueve en el mundo de “voces perdidas o corruptas en todos los sentidos”. Voces que encarnan una familia cuyo patriarca es un político enfrascado en un caso de corrupción (Israel Elejalde), una madre que fue cantante de ópera y ha perdido la voz (Beatriz Argüello) y una abuela y dos nietos que también intentan buscar o verbalizar su propia voz, interpretados por Hugo de la Vega, Macarena Sanz y Carmen Arévalo.

“En parte es muy desoladora pero siempre hay una idea optimista alrededor de lo que sucede. Siempre confío en la capacidad del ser humano de poderse reinventar, aunque lo tenemos crudo”, apostilla el director de títulos como La violación de Lucrecia.

cómplices del silencioPara Prieto, que da vida a ese refugiado sin voz, ha sido “complicado” afrontar su personaje porque “obliga a mirar de cara” el drama de los refugiados. “Me ha costado bastante, es terrible ver esta realidad tan cruda que está ocurriendo y nosotros no sé si de alguna manera somos cómplices desde el silencio”, dice el actor sobre ese silencio que es el hilo conductor de Refugio. Elejalde, que también está al frente de la dirección artística del Pavón Kamikaze, dice que su personaje es un “político súper enrollado que tiene un refugiado en casa”. A mí me ha tocado justamente la parte más actual, más cercana, de un político que está salpicado por un caso de corrupción por el cual no está acusado, solamente sus colaboradores. No sé si os suena esto, Miguel no ha sido muy original finalmente”, bromea el actor. Sin embargo, para ellos era muy importante, cuenta el actor, no identificar a ese personaje con un partido político o una ideología porque querían hacer una “reflexión sobre el ejercicio del poder, que la corrupción no está adscrita a una ideología sino a ese poder”.