Música

Gernika

Por Teobaldos - Jueves, 27 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:08h

concierto de la orquesta sinfónica de euskadi

Coro: Sociedad Coral de Bilbao, (Enrique Azurza, director). Soprano: Carmen Solís. Barítono: Federico Gallar. Tenor: Gustavo Peña. Barítono: Fernando Latorre. Barítono: Miguel Angel Arias. Director: José Ramón Encinar. Programa:El Pájaro de Fuego, de Stravinsky. Escenas de Gernika del maestro Escudero. Programación: ciclo de la Orquesta. Lugar: auditorio principal del Baluarte. Fecha: 25 de abril de 2017. Público, lleno.

la ópera Gernika aparece, oportunamente, con las conmemoraciones, -este año el 80 aniversario del bombardeo-, pero todavía no la hemos podido ver representada;por su complejidad, supongo. Aún así es una de esas obras que soporta bien la versión concierto, por el carácter vigoroso, arrollador y descriptivo de su música. Se escucha muy bien, aún en una primera audición, -(una hora de las dos que dura)- se entiende su cierta aspereza tímbrica en algunos pasajes, sus recitados descarnados en los solistas, que no tienen largas arias líricas, el ambiente de desasosiego de algunos diálogos y, por supuesto, las logradas onomatopeyas de todo lo referente al bombardeo: un excelente ejercicio de conocimiento de los instrumentos y sus posibilidades imitativas (desde el soplo del viento, hasta el mugido de las vacas). Queda, eso sí, un poco en segundo plano el tema amoroso de Gernika y Gogor, y de su rival, Podio, rechazado y malvado;a favor del trasunto de la ópera: la opresión y liberación de un pueblo que, por otra parte, pinta a ese rey del Norte invasor como noble y honrado. Por eso, la versión, bien controlada por Encinar, trasmitió mejor el acopio de emociones colectivas. En primer lugar, hay que expresar un agradecimiento histórico a la Coral de Bilbao por la intuición y valentía de hacer el encargo -este y otros- a los grandes maestros vascos. En el concierto que nos ocupa, su implicación fue total, convencida, tanto en los momentos de más parlando, -con gritos incluidos-, como en los líricos: el hermoso canto a Euskal Herria;una intervención que me pareció mágica, las letanías del cuarto cuadro, que, quizás, transmitían más dramatismo -por lo menos para los que ya tenemos una edad- que todo el bombardeo;o el coro de peregrinos. Carmen Solís hizo una Gernika potente, y definida en su doble carácter de bienintencionada inocente, y desconfiada;técnicamente tiene una escritura difícil, algo grave al comienzo y con agudos que, a veces resultaron duros. Su dúo con Gogor es de lo más bello para los solistas: hubo, al principio, primacía del tenor, luego se equilibraron. Gustavo Peña -Gogor-, también con notas tirantes en el agudo, salvó su difícil rol con timbre y potencia adecuados. El trío de barítonos estuvo muy en su papel, todos con calidad vocal: Federico Gallar como un Podio desleal y violento;Fernando Latorre (Aitana) con una autoridad de algodonosa bondad en la voz;y Miguel Ángel Arias -Rey- con una calidad vocal sorprendente, más bajo que barítono, lo cual da un empaque a su personaje francamente majestuoso. La orquesta se lució en extensa gama de intervenciones solistas -saxo y coro, por poner un ejemplo-, y en el conjunto, brillante, pero, también, recogido -cuerda en el canto a Euskal Herria-. Y, desde luego, espectacular en ese final entre marcha fúnebre, elegía y glorificación.

El Pájaro de Fuego, que abría el concierto, siempre es una fiesta en esta orquesta. Pero hoy, el protagonismo era del Gernika.