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Housing First: un hogar para los sin techo

PIONERO PROGRAMA DE NASUVINSA DE VIVIENDAS EN ALQUILER SOCIAL PARA CASI | 3.000 personas que viven en la calle o en albergues

Un reportaje de Txus Iribarren - Jueves, 27 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:06h

Una persona duerme en un cajero, una imagen cada vez más habitual en nuestro entorno.

Una persona duerme en un cajero, una imagen cada vez más habitual en nuestro entorno. (Foto: E.P.)

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Una persona duerme en un cajero, una imagen cada vez más habitual en nuestro entorno.

El pasado fin de semana fallecía una mujer de 59 años en un cajero del centro de Pamplona. Se llamaba Alina. Había venido de Bolivia a trabajar a Navarra como otras miles de personas. La sociedad no le dio muchas más opciones que el servicio doméstico y el cuidado de personas mayores. Pero diferentes reveses complicaron su vida hasta el punto de acabar sin un techo donde cobijarse, lo que llevó a buscar un refugio en el alcohol, que terminó con su vida. Cada persona es un caso y las historias son diferentes, pero Alina no es la única vida rota por la crisis y el cóctel de problemas sociales y personales. Según los servicios sociales de base actualmente hay en Navarra 1.559 personas atendidas que viven actualmente en la calle o en albergues, ya sea de manera puntual o transitoria. Los técnicos suman otras 1.359 personas “itinerantes”. La mitad son de origen inmigrante, como Alina. El otro 50%, nacidos en la Comunidad Foral. Ante esta realidad “alarmante” y “en aumento”, Nasuvinsa ha decidido seguir los pasos de otras ciudades, donde este problema es cuantitativamente mucho más notorio, y poner marcha el pionero programa Housing First (Primero el alojamiento) que consiste en ceder viviendas en alquiler social a estas personas. La primera experiencia piloto se ha desarrollado con una persona de 50 años en un apartamento del norte de Pamplona gracias también a la gestión del colectivo Xilema.

La sociedad pública de suelo y vivienda (Nasuvinsa), que gestiona un parque de 1.500 viviendas de alquiler protegido, presta asistencia social a sus inquilinos y ha llegado a alojar a una decena de familias incursas en procedimientos de desahucio. El objetivo ahora es extender a las personas sin hogar el derecho básico a la vivienda. Para ello, Nasuvinsa cederá y acondicionará pisos de su parque público de vivienda y realizará un seguimiento de apoyo social a estos nuevos inquilinos, en colaboración con los profesionales socioeducativos de la fundación Xilema, la entidad navarroalavesa de atención y acompañamiento a personas en situación de exclusión social.

Con el objetivo implementar en Navarra la alternativa Housing First, sobre la que únicamente ha habido alguna experiencia en Madrid, Barcelona o Málaga, los profesionales de Xilema y los técnicos de alquiler protegido de Nasuvinsa han realizado también un diagnóstico sobre las personas sin hogar en la Comunidad Foral.

Los servicios sociales de base municipales han contabilizado en Navarra 1.559 personas atendidas que viven actualmente en la calle, o en albergues de forma puntual o transitoria, a las que se suman otras personas 1.359 itinerantes.

Aproximadamente, la mitad de estas personas sin hogar son autóctonas y el resto, de origen extranjero. Estas cifras, destaca Nasuvinsa, indican que el fenómeno de las personas sin hogar, “lejos de paliarse, está yendo en aumento y, de hecho, durante estas dos últimas décadas los sin techo se han llegado a triplicar en la Comunidad Foral, según se desprende del VII informe de Foessa, la fundación de estudios sociales de Cáritas”.

Además, agrega, el último caso de fallecimiento de una mujer de 59 años en un cajero del paseo de Sarasate de Pamplona “ha vuelto a poner en primer plano la necesidad de ofrecer una respuesta de atención social al fenómeno de las personas que viven en la calle”.

El programa Housing First, un movimiento surgido en Nueva York durante los años 90, propone que las personas sin hogar accedan voluntariamente a una vivienda cedida para dignificar su calidad de vida, mejorar su salud y seguridad, recuperar sus vínculos familiares y sociales o fomentar una actividad cotidiana, sin que este derecho a la casa esté condicionado necesariamente a seguir un tratamiento terapéutico si la persona no lo desea o tener que pasar por albergues o pisos asistidos.

Las condiciones que se le piden a la persona alojada es que acepte recibir una visita semanal para realizar un seguimiento social, aporte un 30% únicamente en el caso de que tuviera algún ingreso y que respete unas pautas y normas básicas de convivencia en comunidad.

Alina no tuvo esta oportunidad. La autopsia determinó que su fallecimiento tuvo lugar por un coma etílico. Quizá su muerte no hubiera tenido lugar a los pies de una máquina expendedora del dinero que ella no tenía en su cuenta y bajo el techo de una entidad financiera, sector muy cuestionado por el tema de las hipotecas. Paradojas del destino. Ahora el departamento de Derechos Sociales, a través de Nasuvinsa, ha dado una segunda oportunidad a otra persona 9 años menor que ella. Es sólo el principio de una nueva línea de actuación desde la filosofía del acuerdo programático del cambio hacia la filosofía de la vivienda como un derecho.