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denuncia del ayuntamiento de trasmoz

Piden cárcel para un tudelano por recibir trozos de una estatua de Bécquer sustraída en Aragón

Juzgan a 3 acusados del robo y receptación de la escultura que había en Trasmoz

Enrique Conde - Jueves, 27 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:07h

La estatua de Bécquer, a los pies del castillo de Trasmoz.

La estatua de Bécquer, a los pies del castillo de Trasmoz.

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La estatua de Bécquer, a los pies del castillo de Trasmoz.

pamplona- Una pareja de Tarazona (Zaragoza), Gregorio A. y Rosario M., para los que el Ayuntamiento de Trasmoz pide tres años de cárcel, y un chatarrero de Tudela, Fernando S., para el que el abogado del pequeño consistorio solicita otros dos, se sentaron el pasado martes en el banquillo de los acusados del Juzgado de lo Penal 7 de la capital aragonesa acusados los primeros del robo de la estatua de bronce del poeta Gustavo Adolfo Bécquer que se encontraba a los pies del castillo aragonés de Trasmoz y el segundo de la receptación de dicho material que no llegó a adquirir y que se encontró troceado, cerca de su negocio, en el coche de la pareja.

La escultura, de dos metros de altura y de 300 kilos de peso, fue realizada en el año 2008 por el artista sevillano Luigi Maráez, cuya elaboración según confesó él mismo en el juicio sufragó con sus medios y valoró en 37.500 euros, fue instalada en el municipio de 80 habitantes porque este, situado a los pies del Moncayo, forma parte de la ruta cultural que recuerda al escritor.

El romanticismo de las rimas y versos de Bécquer está a años luz de la zafiedad del robo de su estatua. En el juicio, la pareja de Tarazona acusó al chatarrero de poseer la estatua robada en su nave, pero este lo negó categóricamente y dijo que la historia que contaban los otros procesados “es una sarta de mentiras. Solo les conocía de que algunas veces habían venido a vender algo puntualmente, pero yo no sabía de dónde sacaban lo que traían. Pensaba que era lícito. La placa del cementerio de Novallas me dijeron que se la dieron en un convento por unos trabajos de albañilería y un globo terráqueo de bronce del monumento a María Moliner me dijeron que era una antigüedad familiar. No pregunté más. Pero yo no sabía nada de que había desaparecido la estatua de Trasmoz”.

El encausado de Tarazona se desvinculó de la sustracción de la estatua y afirmó que se la encontró en el desguace cuando el titular del negoció le llamó para echarle una mano para que la troceara. Gregorio A. alegó que se puso a ello todo el día y que, al anochecer, le quedaba el torso y el chatarrero se la regaló. Y, por eso, se encontró esa parte en el vehículo de su novia. El coche se quedó bloqueado, subido a la acera y echando humo en el Polígono Las Labradas después de que el chatarrero afirmara que les echó de la nave y hubiera empujado el turismo para sacarlo de la misma. El estado del coche llamó la atención de una patrulla de la Policía Foral, que descubrieron los restos de la estatua. Los agentes vieron a la mujer tan manchada de hollín y de virutas de metal como su novio, a pesar de que ella dijo no saber nada de la estatua.

El vecino de Tudela juzgado explicó que no adquirió la escultura al dudar de su origen, que le resultó raro y, por eso, les impidió el acceso al establecimiento ya por la noche. Sin embargo, afirmó que, por la mañana, la mujer le había llevado un saco lleno de piezas de bronce, del tamaño de paquetes de tabaco, y le manifestó que todavía tenían más para llevarle. Así, el chatarrero quiso dar a entender que el novio, el otro acusado, se estaba dedicando a partir la estatua en otro lugar, que no ha quedado acreditado donde se troceó. Sí que figuraba entre las ropas de los procesados un albarán de una venta de 99 kilos de cobre, a 2,5 euros del kilo. El juicio quedó suspendido hasta junio a falta de dos testigos.