Música

This is the blues, man

Por Javier Escorzo - Viernes, 28 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:10h

CONCIERTO DE LOS MALASOMBRAS &BOB STROGER

Fecha: 22/04/2017. Lugar: Zentral. Incidencias: Concierto enmarcado en el ciclo Iruña in blues. Unas trescientas personas que disfrutaron mucho de las dos actuaciones.

Nueva jornada del ciclo Iruña in blues, organizado por el Burlada Blues Bar en la sala Zentral. En esta ocasión Los Malasombras abrían la velada para el legendario bluesman Bob Stroger. Iniciaron los locales su actuación jugando con el célebre estribillo de Barricada: “Esta es una noche, esta es una noche, esta es una noche de blues”. Y vaya si lo fue. El quinteto navarro ofreció una sesión precisa y preciosa, interpretando temas clásicos como Some old blues, Sleeping with the devil o Shame, shame,con las que abrieron su actuación. Destacó el buen hacer instrumental de la banda, muy bien compenetrada y repartiéndose los momentos estelares entre armónica y guitarras, siempre con el aplomo en la voz de Álvaro. Siguieron con Call it Stormy monday, de T-Bone Walker, canción que, recordemos, sirvió como título a un grupo asturiano de finales de los noventa (The Stormy Mondays). Jimmy Burns, J. J. Cale o Muddy Waters fueron otros de los artistas a los que homenajearon en un repertorio impecable. Y si Los Malasombras habían hecho blues, después de ellos salió al escenario el mismísimo Blues en persona. Porque Bob Stroger lo lleva en la sangre: de niño vivió en la parte trasera de un local en el que tocaban Howlin’ Wolf y Muddy Waters, y eso marcó su vida hasta hoy, que a sus ochenta y seis años (sí, han leído bien y no es una errata) sigue girando incesantemente por el mundo. El de Pamplona era su último concierto en España e inmediatamente después se iba a Italia. Iniciaron su concierto con un tema instrumental en el que el de Missouri marcó magistralmente el ritmo con su bajo, dotado de un flow irrefrenable, mientras la banda intentaba no perderse con sus cambios de ritmo. Tras esta introducción, Stroger comenzó a cantar con voz profunda y llena de sabiduría. Y aunque era él, con su figura de venerable anciano y su actitud humilde, quien acaparaba todo el protagonismo, también los músicos daban muestras de su excelencia, poniendo su virtuosismo al servicio de las canciones. La música fluía con total naturalidad;de hecho, no había un repertorio predefinido, sino que hablaban al término de cada canción y decidían la que les apetecía tocar después. El momento más especial llegó cuando Bob Stroger se despojó del bajo y se dirigió al frontal de escenario para, sin micrófono, cantar a escasos metros del público un blues oscuro y doloroso, antes de despedir la actuación con una apoteósica versión de Sweet home Chicago. Una noche inolvidable que se resume muy gráficamente con la frase que el propio Stroger utilizó en varias ocasiones: “This is the blues, man’”.