Carta a la France

Daniel Ezpeleta - Viernes, 28 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:08h

Muchos de los que estuvimos de estudiantes cultivando la utopía en el París de la France hemos llegado a la conclusión de que lo mejor de la vida es el deleite sin prisa del espíritu de las cosas y seguir luchando por la utopía, a pesar de que nada ha cambiado en el fondo de la sociedad. O casi nada. Ahora los ricos visten como los pobres: camisetas, deportivos, mochilas, gafas de sol de marca, ordenadores y teléfonos. Pero la nuez del sistema, el dinero, se la llevan los mismos de siempre, pero sin disimulo. Ahora la Francia, ombligo de Europa, cobijo de la libertad, la igualdad y la fraternidad por la que luchamos en la nuestra utopía, y que no conseguimos nunca atrapar, están de elecciones, el tiempo y lugar donde se retrata un país y su soledad. Ahora, la Francia de los exiliados, de la libertad grande de pensamiento, de las noches calvas de discusiones, tabaco y alcohol, está a punto de elegir como su presidente a un muchacho joven que se dice socioliberal y banquero de pro. Dicen, para consuelo de los idiotas, como mal menor. Solo nos falta esperar a los que luchamos por la utopía que los banqueros se den cuenta de que el dinero no es el fin último sino un medio más para que la gente viva mejor trabajando por la comunidad: la utopía. Soñábamos un futuro sólido y nos dan uno líquido donde las redes sociales son una trampa, donde se oculta que arrastrar la clase media a un mundo precario de pobres ha sido la gran catástrofe. Y demás lindezas.Beste lekutan ere, zakurrak oinutsik ibiltzen dira. En otros lugares, los perros también caminan descalzos.