la carta del día

La mentira

Por Ramón Doria Bajo - Viernes, 28 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:08h

¿Qué fue antes el huevo o la gallina? Esa misma pregunta me hago yo con referencia al lenguaje oral y la mentira. Me intentaré explicar.

Ya sabemos que los que llamamos animaleshablar -lo que se entiende por hablar- no hablan pero se comunican con el resto de seres mediante el lenguaje corporal y algunos sonidos. Todos hemos visto a un gato arquear el lomo, erizar su pelaje y bufar para denotar enfado o crispación, y todos hemos visto a un perro amenazar simplemente enseñando los dientes.

Seguramente hubo un tiempo en que los prehumanos se expresaban únicamente mediante el lenguaje corporal y algunos bufidos. Eran tiempos en los que la simple fuerza bruta imperaba en el planeta. En el momento en que esos bufidos inarticulados se fueron concretando en palabras, en ese mismo instante nació la mentira. Con ella nació otra forma distinta de dominio que la simple fuerza. El engaño provocado por la mentira se convirtió en un arma de dominio excelente. Bastaba con cambiar las premisas para cambiar, a la vez, las conclusiones.

El parloteo se fue perfeccionando y aparecieron los retóricos y aquellos otros de quienes decimos que tienen una cara de cemento (su lenguaje gestual, su cara de pokero cara dura es tan inexpresiva que no notamos que mienten).

Hace algo más de 6.000 años apareció el lenguaje escrito y hace 2.000 (cuando todavía eran pocos los que sabían escribir), el romano-cordobés Séneca le decía a su discípulo Lucilio: “Es una postura deshonesta decir una cosa y sentir otra;¡cuánto más deshonesta la de escribir una cosa y sentir otra!”. Pues entendía que en beneficio de la Humanidad sólo debieran quedar para la posteridad los hechos inequívocamente ciertos: las verdades.

Ahora infinitud de individuos saben escribir, y como quiera que la nobleza de alma es una virtud escasa, resulta que los medios escritos vomitan -día sí y día también- mentiras y más mentiras. Se trata de desacreditar, tergiversar, manipular… y, todo ello, con el único afán de engañar. Es el viejo cambiar las premisas para cambiar las conclusiones. Los ya entrenadísimos cara de cemento articulan en un lenguaje oral impecable, frente a una cámara de televisión, toda sarta de mentiras sin ni siquiera pestañear. Contaba Neruda que: “Era justamente ése el espíritu de la propaganda hitleriana;el derroche de la mentira a todo trapo”.

Los individuos mentimos porque nuestra verdad no es contable: miente el mercader que da por segura una calidad que conoce que no es cierta;miente el impuntual por teléfono (siempre es más fácil pues no se ve la cara) cuando dice que está en un atasco de tráfico inexistente;miente el infiel cuando elabora una excusa;se miente ante jueces y notarios e incluso éstos;se miente de palabra y por escrito, y ahora también se miente con el photoshop y con los montajes audiovisuales. La mentira se ha especializado de tal manera que existen no verdades, medias verdades, postverdades, etcétera. La verdad se oculta y tarda mucho en aflorar. ¿A dónde iremos a parar pon tanta mentira? ¿Vendrá un nuevo Hitler? ¿Sabrán los humanos futuros a qué atenerse respecto a nuestra herencia? ¿Llegarán a existir humanos sólo veraces?